"QUIEN OFENDE EN INTERNET DEBERÍA DAR LA CARA"

¿Debemos soportar la plaga de insultos que nos invade?

Insultos en los foros de Internet, en la televisión, en los periódicos, en las carreteras…. la descalificación cada día está más presente y es muy fácil
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¿Debemos soportar la plaga de insultos que nos invade?
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    Insultos en los foros de Internet, en la televisión, en los periódicos, en las carreteras…. la descalificación cada día está más presente y es muy fácil escuchar palabras malsonantes en la boca de la gente, que parece estar esperando al fallo ajeno para dispararles su arsenal léxico. Sin embargo, estos sujetos no se paran a pensar cómo pueden afectar sus insultos a las otras personas o si en las acusaciones que están lanzando tienen algún asidero en la realidad.

    Si no, sólo hay que escuchar las críticas malsonantes que se hacen a personajes tan polémicos como Leire Pajín, Bibiana Aído o Teddy Bautista, o prestar atención a la destreza verbal de algunos colaboradores de diferentes medios televisivos, como los de los programas de Telecinco, por ejemplo.

    Javier de Rivera, investigador de redes sociales, explica a El Confidencial que con el paso de los años “se han perdido las fórmulas de cortesía. Ahora se tiende a entablar relaciones horizontales y no se utilizan esos códigos formales, lo que puede llevarnos a insultar más por la pérdida de las formas y porque cada vez esto está más aceptado. De Rivera pone como ejemplo a Belén Esteban. “Se busca que sea directa y llana”, y eso conlleva el uso de insultos o tacos, “algo impensable hace 50 años en televisión”. También asegura que “cuando el insulto entra en escena se pierde toda argumentación”, precisamente porque “cuando no tienes argumentos, lo más fácil es insultar”.

    El escritor Lorenzo Silva considera que “se ha sustituido el criterio de calidad por el de audiencia, lo que nos lleva a plantearnos qué es lo que queremos hacer”. Además, De Rivera llama la atención sobre este asunto. “Los editores de televisión deben ser menos tolerantes con los insultos”, añade.

    Silva lamenta el giro que se ha dado porque “antes los insultos no estaban tan presentes” y pone como ejemplo a autores como Cela o Quevedo, que destacaban por ser de los pocos “extraños” que los usaban. “Desde el Siglo de Oro ha habido escritores hirientes, pero antes lo hacían de forma retórica, irónica y metafórica”.

    Insultos anónimos en Internet

    Internet se lleva la palma en este sentido. El auge de las nuevas tecnologías, el que todo el mundo pueda opinar en la Red y el anonimato son la mezcla perfecta para que los insultos se perpetúen en el mundo virtual. Los usuarios de foros no se cortan a la hora de soltar por su boca lo primero que se les viene a la cabeza, sin pensar que se pueden realizar críticas constructivas sin necesidad de dañar a nadie y sin usar palabras malsonantes.

    El problema, según comenta Lorenzo Silva a este diario, es que “se ha perdido el valor de las palabras y la gente no percibe las connotaciones de éstas cuando las dice”. Además, achaca a las nuevas tecnologías “la banalización de la escritura de molde en la pantalla, ya que antes la impresión tenía filtros que ahora no hay” y por la “dejadez” para controlar este tipo de comentarios. “Internet ha empeorado la situación”, asegura.

    El escritor de La flaqueza del bolchevique corrobora el uso del insulto para descalificar al otro desde su experiencia personal. Él ha sido víctima de descalificaciones en su propio blog, donde se ha planteado eliminar los comentarios con insultos, e, incluso, ha recibido acusaciones muy graves que podrían incurrir en delito. “A mí me han llegado a acusar de recibir dinero del Gobierno de Marruecos por escribir cosas favorables al país”.

    Según Lorenzo Silva, esto se debe a “una inconsciencia generalizada” y se queja de que “nos falta responsabilidad en la Red. Se refiere al anonimato de muchos usuarios y comenta que lo normal sería que todo el mundo que establece críticas o palabras malsonantes en Internet diese la cara, con nombre y apellidos. “Hay gente que ha escrito cosas sobre mí a la que no le veo la cara. ¿Se atreverían a decir lo mismo si los tuviera frente a frente? Así es muy fácil decir lo que quieras, pero es una falta de coraje y de empaque moral. Yo recomiendo no discutir con avatares y no darles el menor crédito”. Quizás sería recomendable echar un vistazo al Manual de urbanidad y buenas maneras en la red (ed. Melusina), de José Antonio Millán.

    ¿Cómo se sienten las víctimas?

    Periodistas, árbitros, controladores aéreos, políticos, famosos... son algunos de los colectivos más afectados por este 'maltrato'. Estos profesionales tienen o han tenido que estar expuestos a la opinión pública, algunos de forma constante, y aguantan no sólo críticas, sino descalificaciones personales que siempre están injustificadas y que pueden crear inseguridades e, incluso, problemas de salud y psicológicos en los afectados. Mucha gente consigue dejar a un lado el tema, pero hay otros que cargan con esta lacra toda su vida. Hay que utilizar herramientas como la empatía e intentar ponerse en el lugar del otro cuando insultamos. Así sabremos de la forma más precisa si nos hemos pasado de la raya o no.

    Imagínense cómo se sentirían si cada vez que dan un paso en su trabajo estuviesen vigilados con mil lupas, controlados ante cualquier error mínimo y atacados de forma inmediata y sin piedad ante el desacuerdo sobre una opinión o la crítica a una actuación. Además, en muchos casos se realizan campañas de descrédito que no cesan contra ciertos personajes.

    Entre los más expuestos a las descalificaciones, están los árbitros. No ha sido una, ni dos, las veces que la afición, los jugadores, los entrenadores y los propios medios de comunicación han utilizado insultos para mostrar su opinión discordante ante el trabajo del árbitro de turno. Es más, ha llegado a haber verdaderos problemas en este sentido porque algunos árbitros han llegado a ser agredidos. Y no es una cosa aislada de Segunda o Tercera División, sino que en Primera ha ocurrido con mayor asiduidad de la deseada.

    El árbitro de fútbol base Ángel A. Jiménez cuenta en El Confidencial una situación que ha vivido recientemente. “He visto compañeros que están empezando en el arbitraje con 15 años, que llegan con ilusión y acaban derrumbados. Esto no es sano ni ayuda a nadie, pero les puede afectar psicológicamente”.

    Ángel corrobora que "hay mucha falta de respeto. Se da por hecho que el insulto forma parte del juego, pero no está en el origen del fútbol  y ni siquiera esta conducta se repite en otros deportes como el golf o el rugby, donde está desterrado”. Jiménez alude a que el problema “es que se acepta y no se hace nada para evitarlo. Cuando se escuchan descalificaciones en el campo, los clubes, la afición o los propios padres de los jugadores deberían hacer algo, pero la gente pasa”. Por eso, este árbitro malagueño ha creado la asociación Deporte sin insultos, que lucha para erradicar del fútbol los insultos y las actitudes irrespetuosas, condenando la violencia y fomentando el juego limpio.

    Este árbitro se queja de que no se aplique “la moral cotidiana a este deporte” y pone como ejemplo cómo Rafa Nadal, que “pone su honor por delante” y si es necesario avisa al árbitro de que una bola no es válida, a diferencia de lo que hacen muchos futbolistas, que intentan engañar para conseguir una victoria. “Los futbolistas británicos tienen otro concepto, no fingen como aquí. Además, las propias aficiones les recriminan actitudes fingidas”.

    El verdadero problema para Ángel es que “la gente joven necesita ejemplos y en el fútbol no los tienen. Hay que cuidar los valores que inculcan los deportes porque se meten en los niños con mucha facilidad”. Como ejemplo de este efecto imitación, el árbitro se refiere a que él intenta en su círculo evitar estas conductas, pero luego va Cristiano Ronaldo, hace una “peineta” y echa por tierra todo el trabajo que árbitros como Ángel han realizado. El árbitro andaluz asegura que ellos actúan “como jueces” y deben ser respetados. “En un juicio, la gente no grita ni insulta al magistrado aunque esté en desacuerdo, o si lo hace, lo dice de buenas maneras”.

    Alma, Corazón, Vida
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