UNA PAREJA PREMIADA CON EL EUROMILLÓN DECIDE HACER RICOS A QUIENES LES AYUDARON

Cómo repartir 115 millones de euros con los amigos

Generosidad. Amistad. Ganas de compartir. Son conceptos que no se dejan ver demasiado últimamente por la sociedad occidental, ideas que han ido perdiendo su valor a
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Cómo repartir 115 millones de euros con los amigos
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    Generosidad. Amistad. Ganas de compartir. Son conceptos que no se dejan ver demasiado últimamente por la sociedad occidental, ideas que han ido perdiendo su valor a la vez que el ser humano se iba sumergiendo en las aguas de la individualidad, en el mundo en el que lo que se fomenta es el éxito exclusivo de cada cual y las relaciones superficiales.

    Por eso llama la atención el hecho de que una humilde pareja inglesa que ha ganado 101 millones de libras (más de 115 millones de euros) en el Euromillón haya decidido repartirlo y hacer ricos a sus amigos y a su familia. Son Dave y Angela Dawes, un supervisor de supermercado y una voluntaria de la fundación Británica del corazón que de la noche a la mañana han pasado de ser una familia humilde a ocupar un puesto (el 702) en la lista de los británicos más ricos, por encima de Dawid Bowie o Sharon y Ozzy Osbourne.

    Y no se han escapado a las Bahamas ni se han aventurado a dar la vuelta al mundo en algún carísimo y extravagante medio de transporte, no. Sus aspiraciones son mucho más modestas y, a la vez, mucho más loables. Más allá de comprarse una casa cerca del estadio de fútbol del equipo al que Dave adora, lo que esta pareja quiere hacer con su premio es convertir en ricos a 15 o 20 de sus amigos y familiares más cercanos.

    Según ellos mismos han declarado a medios locales, su pretensión es recompensar, de alguna manera, a quienes les han ayudado de una u otra forma a lo largo de su vida. Y no con una cena, una viaje o un regalo de alto nivel, sino regalándoles una suculenta parte del premio que convierta a quien lo reciba en rico para toda la vida.

    Es triste que este gesto se haya convertido en noticia y ocupe las portadas de todos los periódicos ingleses. Lo feliz sería que, de tan habitual, una actitud así no fuera relevante. Pero tal y como apunta la psicóloga Rosa Melgar la generosidad, como muchos otros valores, “se ha diluido, se ha emborronado y se difumina” en la sociedad occidental de hoy en día.

    “Valores como la generosidad o el honor han caído en franco desuso e incluso las personas los desvalorizamos”, explica. Al no considerarse un valor muy alto, tendemos a no fomentar la generosidad en ningún sentido, lo cual contribuye a su paulatina pérdida de valor. “Hoy en día la generosidad no es un atributo en el que los niños quieran destacar", por ejemplo”, añade.

    Un mundo de relaciones superficiales

    Su colega, la psicoterapeuta Patricia Alarcia, ahonda un poco más en esa humanidad que ha perdido de vista el valor de la generosidad. “La sociedad actual promueve un tipo de relaciones mucho más egoístas y cortoplacistas, hay una carencia absoluta de afecto real, en realidad vivimos en un mundo en el que nos enseñan a ser egoístas”, cuenta Alarcia.

    En su opinión, el entorno agresivo en el que vivimos (en el que el éxito empresarial y económico es el único baremo que pone en valor a una persona) provoca que la gente “desconfíe de todo”, lo que nos lleva a mantener “relaciones mucho más frías y superficiales de lo que deberían ser”.

    La psicoterapeuta lamenta que los afectos se hayan convertido al final en meras transacciones comerciales “del tipo yo te quiero si me invitas a cenar”, una forma de encontrarse con el otro que no deja cabida a la generosidad.

    Por eso, el hecho de que alguien quiera repartir su recién adquirida riqueza con sus amigos resulta digno de admiración. La magnificencia que parece emanar esta pareja debe estar fundamentada en los dos pilares básicos de la generosidad, según Alaria: “confiar en uno mismo y gozar de equilibrio interior, de madurez suficiente”.

    Sin estas virtudes, asegura, “es muy difícil ser generoso, ni en el cariño ni en el dinero”. Pero si se tiene la suerte de ser una persona equilibrada y madura capaz de actuar de forma generosa, entonces “uno se encuentra con uno mismo y puede demostrar un afecto verdadero a los demás”.

    Porque, por supuesto, existe un afecto que, lejos de ser verdadero, es todo lo contrario: el interesado. Ese apego que surge al son de las monedas contantes y sonantes y que se sustenta en valores ficticios. De ese tipo de cariño tendrán que cuidarse los Dawes, ya que habiendo anunciado públicamente su carácter magnánimo seguro que van a encontrarse con más amigos ‘indeseables’ de los previstos.

    “Con la euforia van a llegar los amigos no reales, los aduladores, y lo difícil va a ser distinguir a unos de otros”, asegura Alarcia. Además, suponiendo que sean capaces de hacerlo, tampoco es fácil “reunir el valor suficiente para asumir que quien está a nuestro lado no es un amigo verdadero y apartarlo de nuestra vida”, añade. Como decía Ángel Ossorio y Gallardo, " si el mejor amigo te traiciona, no hagas la bobada de sorprenderte". Los Dawes tendrán que estar preparados para separar el trigo de la paja en lo que a amistades se refiere.

    Alma, Corazón, Vida
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