ALUMNOS DE SECUNDARIA PRESENTARON SU PROYECTO EN BERLÍN

Lo que los profesores hacen sin que nadie se lo haya pedido

Este no es precisamente el mejor momento de la Historia para la educación pública, y menos en Madrid, pero a pesar de los recortes, las huelgas, la

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Lo que los profesores hacen sin que nadie se lo haya pedido
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    Este no es precisamente el mejor momento de la Historia para la educación pública, y menos en Madrid, pero a pesar de los recortes, las huelgas, la altísima tasa de absentismo escolar y el pesimismo generalizado, existen bastiones escolares que lejos de achantarse se yerguen como defensores, no sólo de la educación, sino de una enseñanza alternativa y democrática. 

    Pude sonar algo utópico o propio de otros sistemas educativos, pero en la capital ya se está poniendo en práctica, en algunos centros, un modelo inclusivo de aprendizaje en el que unos alumnos enseñan a otros, las madres participan en las clases o son los propios estudiantes los que eligen la temática del curso.  

    Se trata, más que de enseñar conocimientos enciclopédicos (como viene haciendo la escuela tradicional), de “enseñar a pensar”, de generar personas con capacidad de análisis. Mejor saber interpretar un texto que recitar de memoria la lista de los Reyes Godos, en definitiva. 

    Así lo explica el sociólogo de la educación Rafael Feito, quien lleva tiempo observando las nuevas técnicas de enseñanza que algunos centros están desarrollando por iniciativa de los profesores. En su opinión, vivimos en una sociedad en la que el conocimiento crece de forma exponencial y está al alcance de cualquiera y en la que se han multiplicado los escenarios educativos. De hecho, los museos, muchas instituciones o cualquier centro cultural de pueblo ofrecen multitude de clases o cursos, de forma que ya no parece tan necesario acumular datos en la escuela. “Lo importante es formar mentes con capacidad analítica, con capacidad de comprensión, con iniciativa. Alumnos que lean el periódico, que sean competentes en el entorno laboral actual”, explica Feito.  

    Y es que hoy en día no se valoran tanto los conocimientos estrictamente académicos como la capacidad resolutiva, la fluidez para hablar en público, la creatividad o la iniciativa. Y algunos profesores, pedagogos y directores de instituto, conscientes de ello, se han puesto manos a la obra para adaptar el sistema educativo a las necesidades reales del mundo laboral. Con sus propios recursos, en su tiempo libre, exprimiendo su imaginación, han ideado fórmulas de aprendizaje diferentes a las que vienen en los libros de texto. 

    Por ejemplo, en algunos centros se deja a los alumnos (con la orientación de los profesores) que elijan ellos mismos la temática en torno a la cual se va a estructurar un trimestre, como pueden ser la Edad Media, o los dinosaurios. A partir de ahí todos los docentes imparten sus clases adaptando los conocimientos a esa temática, sobre la que, además, los propios niños investigan, proponen y aprenden. 

    Esta experiencia llevó a los alumnos de secundaria del colegio Arcipreste de Hita a presentar su investigación sobre los números áureos en un congreso en Berlín, y a hacerlo en inglés. “Los niños tienen que ser los protagonistas de su propio aprendizaje”, confirma Feito. 

    “Mamá, vámonos a clase” 

    En otros centros los docentes han decidido incluir a los adultos ajenos al colegio en las clases. De esta forma, madres, abuelos, alumnos más mayores o voluntarios (como los bedeles) acuden al aula y actúan como dinamizadores en pequeños grupos de alumnos, garantizando la interacción entre ellos. “Así , ellos también aprenden muchas cosas que no sabían o habían olvidado”, añade Feito.

    Otros centros han introducido una nueva figura que parece estar teniendo mucho éxito. Se trata del aprendizaje entre iguales, en el que se reparten los grupos de trabajo de forma que en cada uno haya un alumno aventajado en la materia que se ocupe de explicar a los  demás sus dudas y ayudarles con sus dificultades. “Es mucho más fácil porque utilizan el mismo código, y además, si ellos acaban de aprenderlo, les resulta mucho más fácil explicárselo a sus compañeros porque tienen las claves”. Además, el que enseña, aprende a su vez a comunicar, empatizar y respetar.

    La aportación de las personas ajenas a las clases y de los alumnos más ágiles a los que lo son menos se convierte al final, no sólo en un proceso más rápido, sino mucho más rico. “No es necesario que acudan padres o voluntarios con una alta cualificación, cualquiera puede ofrecer mucha información valiosa a los alumnos”, analiza Feito, quien concluye que “como se suele decir, para educar a un niño hace falta una tribu”. 

    De momento son pocos y desconocidos, pero dado el enorme éxito académico que están teniendo las diferentes alternativas escolares de estos centros pioneros, es posible que el número de ‘coles democráticos’ vaya creciendo. Solo faltan más profesores con ganas de innovar, de implicarse, de enseñar a pensar.

    Alma, Corazón, Vida
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