LOS DEPREDADORES EMOCIONALES CONVIERTEN EN OBSESIVAS A SUS PAREJAS

Cómo llamar 65.000 veces a su ex novio y ser una víctima

Una mujer holandesa ha sido condenada por llamar a su ex novio cada ocho minutos (más de siete llamadas cada hora, 178 al día, 65.000 en
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Cómo llamar 65.000 veces a su ex novio y ser una víctima
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    Una mujer holandesa ha sido condenada por llamar a su ex novio cada ocho minutos (más de siete llamadas cada hora, 178 al día, 65.000 en un año). Por más que pueda parecer una persona profundamente desequilibrada, también podría resultar una simple víctima de un personaje dañino y que pasa desapercibido: el ‘depredador emocional’. 

    Son personas que en sus relaciones (laborales, de pareja, parentales) actúan con la intención de apoderarse de sus presas, funcionando como verdaderos agujeros negros que absorben la energía vital, el optimismo, la alegría de vivir, la autoestima y la voluntad de quienes les rodean. 

    Y lo hacen además con gran habilidad para aparecer como la parte más sensata de la relación. Suelen generar una dependencia tan acentuada en su pareja que, si la relación se rompe, la llevan a actuar de forma desequilibrada. Lo peor es que en estos casos es el depredador el que queda como persona cabal, y su víctima la que aparece ante la sociedad como alguien perturbado. 

    Los depredadores suelen ser bastante inteligentes y ponen en práctica un proceso de lo más elaborado para hacer caer a las víctimas en sus redes. El primer paso es aislarla y debilitarla, cortando los lazos afectivos anteriores, de modo que sólo perciban la realidad a través de sus ojos. El depredador intentará deteriorar la autoestima de quien haya escogido, generando dudas sobre su eficacia, su valor, su aspecto…Así, la víctima se vuelve tan insegura y vulnerable que el depredador podrá hacer de ella prácticamente lo que desee.  

    El depredador se convierte en la única vara de medir y en la única persona en la que, en apariencia, puede confiar la víctima. Una vez que se ha creado esa enorme dependencia emocional en la que el depredador aparece como el único que puede entender y defender a la víctima, nace en ella un temor de abandono tan arraigado que llega a tener pánico de hacerle enfadar, o simplemente molestarle, por si la deja.

    De ahí al abuso psicológico que implique insultos y desprecio sólo hay un paso. Con ello, la víctima se debilita y no sabe muy bien a qué corresponde el “doble” juego del depredador, por el cual él la trata de formas muy distintas dependiendo del entorno en el que estén. Por último, y para reforzar el aislamiento, el depredador se alejará emocionalmente de su víctima para hacerla sentir necesitada y culpable.

    El precio de la libertad 

    Es difícil darse cuenta de si alguien cercano actúa de esta forma, especialmente si se trata de la pareja, pero tampoco es nada fácil, una vez rota la relación, salir de la espiral del depredador. De hecho, tras la separación, la víctima tardará tiempo en ‘sacarse’ a la pareja de dentro, en recuperar la confianza y la autoestima, en volver a abrirse al mundo.

    Un proceso que él no facilitará en absoluto ya que su intención, aunque no quiera volver con su pareja, será la de ejercer el poder hasta límites insospechados, utilizando para ello todas las herramientas que tenga a su alcance. Por ejemplo, los niños, si es que los hay, o las propiedades en común. Es frecuente que los depredadores utilicen, por ejemplo, el farragoso proceso de divorcio para atacar a esa víctima, que ha tenido la ‘osadía’ de liberarse, con la intención de aniquilarla. Para él supone un fracaso y no lo va a consentir fácilmente, por eso, es recomendable en muchos casos dejarle ‘ganar’ la casa o el coche para que así, satisfecho con la sensación de haber triunfado, deje descansar a la víctima.  

    Eso sí, cuando el depredador se da cuenta de que los bienes materiales no le interesan a su víctima va a por los hijos, si los hay. Puede hacerlo, por ejemplo, comprándoles estupendos regalos pero poniéndoles la condición de sólo los pueden usar con él, lo cual les hace a los pequeños un daño atroz, tanto que se puede llegar a la desesperación e incluso al suicidio.

    En cualquier caso, y superados estos dolorosos escollos, lo que debería hacer la víctima es considerar el periodo del depredador como una especie de coma del que se despierta con la ilusión de comenzar una nueva vida. Es muy duro, sí, pero es el precio a pagar a cambio es la libertad. 

    *Neus Colomer es psicóloga y autora del libro Depredadores emocionales. Libérate y toma el control de tus emociones.

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