"Mamá, ¿cómo se hacen los niños?"

La pregunta suele pillar desprevenidos a los padres. “Mamá, ¿cómo se hacen los niños?”. El error en el que suele caer la mayoría es escurrir
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"Mamá, ¿cómo se hacen los niños?"
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La pregunta suele pillar desprevenidos a los padres. “Mamá, ¿cómo se hacen los niños?”. El error en el que suele caer la mayoría es escurrir el bulto contestando frases como “cuando seas mayor lo entenderás” o “papá ha puesto una semillita en mamá”. Unas respuestas que no ayudan a los niños, que preguntan con toda la naturalidad del mundo sobre un tema que les inquieta, y les va a seguir llamando la atención con o sin las explicaciones de sus mayores. Los padres deberían saber que, tarde o temprano, las dudas siempre surgen.

 

El director del Instituto de Estudios de la Sexualidad de la Pareja, Pere Font, cuenta a El Confidencial que no existe una edad específica en la que se deba empezar a hablar del tema. Debe surgir de la forma más natural posible para qe los pequeños sientan seguridad ante la situación y ellos mismos tengan la confianza suficiente como para ver el sexo como un tema más de los que se tratan en casa.

 

Suele ser a partir de los 4 años cuando el niño dedica parte de su tiempo a explorar su propio cuerpo a través del tacto. Se tocan los órganos genitales porque es algo natural, y llega la hora de preguntarse por qué los niños no tienen lo mismo que las niñas. Juegan a que ellos tienen algo y ellas no.

 

Los 5 y los 6 años es la franja en la que les interesa saber si los demás tienen las mismas sensaciones que sienten ellos. Quieren saber más. Los padres saben que es un momento difícil, y cuentan cosas tan raras como que un bebé surge tras un beso. Se pueden utilizar símiles que ejemplifican muy bien cómo se forma un feto. Por ejemplo, enseñarle al niño a plantar una semilla de la que nacerá una planta o aprovechar una visita a una granja y ver animales que hayan parido para explicar que son necesarias dos personas para crear un ser vivo. En nuestro caso, siempre hay que contar una historia de amor o algo que se le parezca. Que dos adultos tienen el bebé porque les apetece tenerlo. “Les da seguridad a ellos mismos”, asegura Font. Una conversación sobre sexo con un niño de cinco años puede cerrarse en cinco minutos si no se cuentan cosas raras. Lo más importante es que el niño repita la conversación porque se ha enterado de lo que se le ha contado.

 

A los 6 ó 7 años llegará la pregunta de cómo el hermano se ha metido en la barriga de mamá. Una respuesta adecuada es decirles que es fundamental la ayuda de papá. Si se responde correctamente, el niño no tendrá miedo a formular más preguntas conforme le vayan surgiendo. También se puede echar mano de libros y explicarles con dibujos. La idea es no cargarlos con vídeos que los espante. Con 7 años ya controlan la situación. Han aprendido lo básico, y les interesa saber cómo se forma un bebé.

 

Con 8 ó 9 años deberían entender perfectamente que los adultos tienen relaciones sexuales, que es una sensación placentera que les gusta, y que de esas relaciones llegan los embarazos. No se asuste si en esta época a su hijo le da vergüenza que lo veas desnudo, porque son las edades de mayor pudor. Ya conocen aspectos muy íntimos de la sexualidad, y llega el momento de hablar de otros temas relacionados con el sexo.

 

A partir de los 10 años los chicos deben prepararse para el cambio que va a experimentar su cuerpo en un futuro no muy lejano. Así se enfrentarán a estos cambios con total normalidad, y eliminarán cualquier miedo que le aparezca ante la pubertad. Para quienes tengan niñas, ha llegado el momento de hablar de la menstruación. Y también se puede tantear por qué los padres no se pueden quedar embarazados, cómo crece un bebé en un cuerpo de mujer o qué es el VIH.

 

Aunque la educación sexual no acaba ahí. Los más mayores también necesitan información de sus padres. Font subraya que la finalidad de una buena educación sexual no es enseñar a los hijos a utilizar correctamente los métodos anticonceptivos. “Se debe enseñar a saber gestionar su propia sexualidad, que los jóvenes tengan relaciones sexuales disfrutando con el mínimo de riesgos posible”. También es labor de los mayores exigir a las escuelas que cumplan con su función: prevenir riesgos. Así no tendríamos que oír nada sobre abortos a los 16 ni píldoras postcoitales.