TENDENCIAS
@Juan Perea - 27/10/2009
Mi profesor de filosofía decía durante una de sus clases que para poder filosofar es necesario mantener la capacidad de asombro. Recientemente he comprobado que la mantengo bastante alta. Me ocurrió en un gran centro comercial cuando, tras comprar un regalo para mi hija, la dependienta me entregó un cupón que, en caso de ser premiado, me habilitaba para participar en ‘La Gran Carrera de Oro’.
La competición en cuestión consiste en que los participantes (a más compras, más cupones y más posibilidades de ser elegido) intenten gastar 10.000 euros en una hora. Ningún objeto de los que se adquieran debe superar los 300 euros de precio, no se puede repetir artículo y hay que utilizar todas las pistas, es decir, comprar en todas las plantas del centro. Serán dieciséis las personas que compitan en esta prueba, animados por un popular comentarista de Fórmula Uno que hace la vez de maestro de ceremonia. Y es que de eso se trata: del gran premio del consumismo. El ganador recibirá otros 10.000 euros para gastar en esa cadena de centros comerciales.
Según dice la tarjeta de inscripción, ‘competir en la gran carrera del oro no requiere ninguna destreza especial’. Esto supone un claro menosprecio a quienes serán rivales en tamaña prueba. ¿O es que acaso manejar un carrito de compra a 10.000 euros por hora no exige unas habilidades muy peculiares?
Se presentan así estos grandes almacenes como adalid de quienes proclaman que animar al consumo (mejor si son productos nacionales) es la manera más rápida y eficaz para salir de la actual recesión, que ha sido causada, como todo el mundo sabe, por el demonio de la gran banca internacional, al haber posibilitado ésta, a través del crédito fácil, ese sueño infantil de tener de todo al precio que sea. Y ello a costa de endeudarnos de por vida pagando nuestra libertad en cómodos plazos.
Ya nos hemos gastado lo nuestro y parte de lo correspondiente a las generaciones futuras
Oí una vez a mi amiga Cristina que el mejor remedio para salir de cualquier bache emocional o pequeña crisis es ir de compras. Con esta receta se convierte en preclaro gurú económico: si el consumo nos saca de cualquier crisis, sólo el consumismo puede prevenir la depresión. La psicología vuelve a ir de la mano de la economía para solucionar el sombrío panorama que nos rodea igual que sirve para dar una explicación a los ciclos económicos.
Lo que no nos aclaran estas instrucciones para el consumo es de dónde va a salir el dinero para pagarlo. Perdón, el de una parte sí: el gasto o consumo del sector público lo pagaremos todos con impuestos más altos (IVA, IBI y otras especies). Ahora bien, esto supone menos dinero en los bolsillos de la mayoría de ciudadanos. Si a esto añadimos que la banca no tiene ya la misma alegría a la hora de conceder créditos, habrá que recurrir a los magos Tamariz, Copperfield, Merlín y Potter juntos.
¿Qué ha pasado con la inversión?
Por fortuna tenemos otra solución. Menos divertida, más impopular y totalmente trasnochada. Entre los componentes del Producto Interior Bruto (PIB) está la inversión. Y ésta depende directa y proporcionalmente del ahorro. Hace muchos, muchísimos años, la banca era un negocio serio y aburrido. Se ocupaba entonces de transformar el ahorro de unos sujetos en los recursos que otros necesitaban para acometer inversiones productivas.
Países con altas tasas de ahorro conseguían milagrosos crecimientos económicos (Japón, Alemania, Corea del Sur, Taiwán,…). Milagrosos pero no mágicos pues venían apoyados en grandes esfuerzos de sus poblaciones. Cuando las tasas de ahorro han descendido drásticamente y el crédito se ha desviado hacia el consumo y el consumismo (incluyendo el de bienes raíces a precios desorbitados), el milagro se ha desvanecido.
No estoy proponiendo ningún modelo de vida similar a los austeros monjes de clausura, aunque quizás las circunstancias nos obliguen a ello durante un tiempo. Yo mismo soy bastante partidario de darle gusto al cuerpo en cuanto a satisfacer ciertos placeres que la modernidad pone a nuestro alcance. El consumo ha estado presente en la historia de la humanidad desde sus albores. Pero de ahí al consumismo, al consumo desaforado de todo tipo de bienes y servicios como símbolo de los actuales tiempos, media un abismo.
Consumismo para mantener el status
Ya nos hemos gastado lo nuestro y parte de lo correspondiente a las generaciones futuras. Vamos camino de agotar unos cuantos e imprescindibles recursos naturales. En este punto soy ‘optimista’ y creo que, antes de que esto ocurra, la tierra dirá basta y nos sacará de aquí a gorrazos. Todo por darle gusto al niño que llevamos dentro y que no para de pedir: esto, aquello y lo de más allá. Nos comportamos como niños grandes que quieren satisfacer necesidades superfluas de manera inmediata y sucesiva. Chiquillos con cuerpo de adultos que pretenden completar el ser con el tener cada vez más.
Consumimos como medio de adquirir una identidad, de poder pertenecer a un cierto grupo. Somos consumistas con espíritu de clase. Buscamos la aceptación social de los grupos a los que queremos pertenecer a través del tener, alejándonos cada vez más de un ser que muchas veces se convierte en irrecuperable.
El precio a pagar, el peaje, es alto. Para poder mantenernos en la vorágine de gasto es necesario tener los suficientes recursos. Necesitamos ‘estar en forma’ para, nosotros mismos, ser comprados, ser consumidos en el mercado de trabajo. Y por las personas y grupos con los que queremos relacionarnos: ‘los nuestros’. Porque también consumimos relaciones. De modo cada vez más voraz. Frenética carrera por conservarnos aptos (jóvenes, listos, guapos, capaces y titulados) para ser elegibles y seguir incorporados al circuito como consumidores de todo tipo de mercancías y relaciones. Para tener la identidad y el estatus deseados y mantenerlos de manera bien visible. Incluso para creernos esa película sobre nosotros mismos.
Hemos pasado de aquellos viejos chiflados con sus locos cacharros a esta enajenada carrera consumista que nos engulle en un remolino de consumir y ser consumido. En un gran centro comercial está a punto de aparecer la luz verde. A toda pastilla. O mejor dicho, ¡a 10.000 euros por hora!
Opiniones de los lectores (8)
8.
jftamames»27/10/2009, 21:27 h.
Muchas gracias por el artículo. Ya va siendo hora que alguien diga que el consumo es sólo un becerro de oro, sólo eso. No tengo nada claro, en medio del caos de formas de vida que dicen vivir algunos que se dicen católicos, la opinión que lanzas sobre los monjes y monjas contemplativos. Te recomiendo que vayas a verlos. Son mujeres y hombres de nuestros tiempos, llegados y llegadas desde nuestras carreras y empleos. Son lo que librán la verdadera batalla entre el hombre de cada tiempo con sus contradiciones en la soledad. Tenemos mucho que aprender de todos ellos. La crisis actual de occidente y de la Iglesia Católica en particular es la crisis de monjes contemplativos. Eso dice mucho de la sociedad que describes estupendamente.
7.
sorgui»27/10/2009, 20:41 h.
Cada martes espero que me sorprendas con tus reflexiones,permiteme
una humilde opinión y observación, creo que los consumistas, son los que pueden serlo,como estos 16 concursantes que cuentas,tienen tiempo y dinero para concursar,pero muchisima gente vive sin llegar a fin de mes y no sólo eso, mucha gente,no gasta por miedo,tanto hablar de la crisis,que aunque haya gente que tiene dinero no gasta.Te pongo un ejemplo, en Marbella este agosto, yo decía;no entiendo esto de la crisis porque las playas están abarrotadas y los bares igual,llevo 10 años pasando el mes de agosto allá y no lo había visto así de lleno en todo ese tiempo,mi conclusión fue la siguiente,en tiempos de no crisis, esa gente que abarrotaba las playas este verano, se iba de viaje en agostoo cogía un crucero,ahora se quedan en su casa de la palya o simplemente veranean en España y los que tienen menos posibilidades este año no han veraneado.
6.
joludi»27/10/2009, 15:11 h.
¿Tu profesor de filosofía era Don Celestino, por un casual?
Saludos.
5.
poblero de farnals»27/10/2009, 12:54 h.
Primero, agradecer la campaña de alienación que EC está imponiendo a los foros de forma que sólo pensemos en consumir ORANGE y JAGUARS, va al hilo con el futuro consumo de este medio y, por supuesto, con el artículo.
En tiempos de bonanza, el consumismo se trataba como paliativo de la depresión. Actualmente, casi nadie tiene en su frigorífico un artículo que deba tirar porque le ha caducado y, en ese sentido, creo que el artículo tendría mejor encaje en otros tiempos.
Las "ideas nuevas y geniales" de las compañías suelen ser reemplazadas a los 3 meses por el siguiente Dtor. de Mktg y Comunicación, después de haber despedido al de la "idea". Sólo hay que ver los cambios de patrón en los anuncios de TV. Pero ya se sabe, soñar es gratis.
4.
granda»27/10/2009, 10:42 h.
Transcribo unas palabras de Pessoa: "Un hombre podria, si poseyera la verdadera sabiduria, gozar del espectáculo entero del mundo desde una silla, sin saber leer, sin hablar con nadie, sólo usando los sentidos y sabiendo el alma no estar triste". Todo lo contrario a la frenética carrera.
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