06/07/2012
(06:00)
Si hay algo inevitable en la vida de pareja, eso son las discusiones. Entendiendo que que cada relación sentimental es un mundo (hay matrimonios que no discuten casi nunca, mientras que otros lo hacen públicamente y sin rubor alguno), lo cierto es que nadie se libra de las populares broncas. Saber salir con bien de ellas es un arte, del que adelantamos una serie de claves:
Las discusiones son normales. Los seres humanos tenemos diversos estados de ánimo según los momentos existenciales que atravesamos y levantarse con el pie torcido es algo a lo que todos estamos expuestos. Son cambios de humor que suele terminar pagando la persona que tenemos al lado. De modo que si estalla una discusión, no te lo tomes como algo personal, muchas veces la causa no eres tú.
Baja el tono. Es probable que, en el calor de la conversación, no siempre se mantenga la actitud adecuada y termine subiéndose el tono, como si hablando más alto se fuera a tener más razón. No es así. Y si bien es muy difícil evitarlo, no lo es corregir los modos cuando se es consciente de que estás elevando en exceso la voz. Se puede decir lo mismo con una actitud más amable y con un volumen menor.
Respeta los turnos. Es de lo más frecuente que el ardor expositivo lleve a interrumpir a la pareja. Gran error. Esto no es un debate televisivo. La clave del entendimiento está en escuchar al otro y comprender sus argumentos, lo que no puede hacerse si no se le deja el espacio necesario para exponer lo que piensa. Estableced tiempos, si es necesario, pero dejad hablar.
Actitudes a evitar. La prepotencia, la arrogancia, el menosprecio y el creer que uno tiene toda la razón matan cualquier posibilidad de tender puentes. Si en lugar de situarte en la piel del otro tratas de imponer sí o sí tus tesis, la discusión aumentará en intensidad y durará mucho más. Y si persistes en esas actitudes, acabará con la pareja. De modo que mejor echa el freno cuando te sientas en posesión de toda la verdad o te creas con derecho a mirar a tu pareja por encima del hombro.
Asume tu responsabilidad. Las relaciones necesitan ser trabajadas por ambas partes. Si aparecen los problemas es porque los dos han contribuido, en alguna medida, a que existan. No se trata sólo de reprochar a tu pareja lo que no está haciendo correctamente, sino de ver cuál es tu lugar en esa relación. Los errores se cometen por ambas partes. Es bueno ser consciente de que las cosas no son nunca definitivamente blancas o negras, de modo que siempre hay una parte de responsabilidad que nos es propia.
Pide perdón. Si te has equivocado, reconócelo. Incluso en aquellos casos en los que creas que no has hecho nada incorrecto, puede ocurrir que una actitud que para ti sea normal para otra persona resulte dolorosa. Ser capaz de disculparte no sólo ayuda a que las discusiones terminen antes, sino que es absolutamente necesario para mantener una relación satisfactoria a largo plazo. Tener propósito de enmienda para corregir los defectos es un buen instrumento para forjar lazos sólidos.
Deja tiempo si es necesario. No siempre las conversaciones pueden tener lugar en el momento más conveniente. Las heridas tardan algún tiempo en cerrarse, por lo que si no es posible dialogar en ese momento, déjalo estar y ya retomaréis la conversación más adelante.
Pero no te escapes. Hay que dar la cara y, si te piden explicaciones, no es el momento de salir corriendo. Las conversaciones están para aclarar las cosas, y utilizar evasivas o simplemente abandonar la discusión pretextando cualquier excusa no ayuda. Puede funcionar a corto plazo, pero a la larga…
Sé inteligente. Si ves que el problema está causado por un malhumor coyuntural y no por razones objetivas, no gastes demasiado tiempo argumentando. Se solucionará mejor con detalles y actitudes cotidianas que rebajen su nivel de tensión y enfado que con cualquier razonamiento.
Pide ayuda al terapeuta. A veces las discusiones se producen porque hay problemas no resueltos en la pareja que llevan a que los momentos de crispación se sucedan sin aparente motivo. En esos casos, enzarzarse en conversaciones tensas carece de sentido. Hay que ir al fondo del asunto, lo que a menudo requiere recurrir a ayuda externa, como la de un terapeuta.
No te olvides de lo esencial. Lo más importante es transmitir a tu pareja que, a pesar de estar discutiendo con ella, y a pesar de mantener posturas distintas, la quieres. Si incluso en esas circunstancias, eres capaz de tener en mente que estás peleando dialécticamente con la persona con la que quieres compartir tu vida, y si encima eres capaz de transmitirlo, será difícil que la conversación acabe mal.
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COMENTARIOS
2JUMUÑOZ 06/07/2012 | 18:18
"De modo que si estalla una discusión, no te lo tomes como algo personal, muchas veces la causa no eres tú."
No me lo tomo como algo personal, claro, pero...¿Por que he de pagar yo su enfado? Bueno, yo y mi salud cardiaca...
Propongo un nuevo titulo para el siguiente articulo: "¿Por que mi mujer me chilla, si yo no lo hago?"
Dejelo, la respuesta es clara, porque TODAS chillan a sus parejas, y la que este libre de pecado...
1rodionito 06/07/2012 | 12:03
Bueno, bueno... Quien haya escrito esto o vive en los mundos de Yupi [si es hombre] o tiene una jeta que se la pisa [si es mujer]. Por centrar la cuestión:
1] Es IMPOSIBLE tener una poquita de dignidad y no discutir nunca con la mujer.
2] Los deseos de la mayor parte de las mujeres tienden al infinito, mientras que las posibilidades de satisfacerlos [en cualquier ámbito] son limitadas.
3] La mayor parte de las mujeres no puede esperar ni un milisegundo a que se satisfagan sus deseos. Si se le dice: "ahora no podemos, cariño; veamos la semana que viene", eso constituye un casus belli de libro.
4] Antes existía un santuario: el servicio. Te ibas ahí con una novela y esperabas a que amainara la tormenta [tenías agua, lectura y estabas posicionado por si te venía un apretón]. Pero ahora ya ni eso respetan.
CONCLUSION: Date por jodido si estás casado y pasa por el aro [salvo que no tengas hijos que lleven tu apellido y viváis de alquiler y sin un duro].