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UNA DROGA PATROCINADA

Alcohol, pareja y sociedad: el trío imposible

Javier Sánchez García* 06/06/2012   (06:00h)
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La permisividad social, política y económica con el más peligroso y terrible de los tóxicos adictivos, el alcohol, dinamita la pareja y mina las “sociedades” a cuyo nacimiento en muchas ocasiones asistió.

Entre las razones fundamentales que incitan a la toma de alcohol en la adolescencia, momento del debut en esta forma de anestesia patrocinada y favorecida por las autoridades políticas, económicas y legislativas, destaca en cada estudio llevado a cabo en nuestro país, la busca del contacto social y/o sexual con otros.

En palabras distintas, empezamos a beber para aproximarnos a otros seres humanos, para disfrazar nuestras inseguridades o para alcanzar “el puntito” de euforia que no conseguimos con nuestro conjunto compartido de habilidades, vivencias y posibilidades biológicas. En un afán de ser más científicos: bebemos para erradicar los censores que se nos han inoculado a lo largo de la vida o que hemos ido acogiendo con gusto como carceleros propios, y así dejar libre el “animal domesticado” que alojamos.

Una droga aceptada y patrocinada

Dando la vuelta al pensamiento psicoanalítico, al menos en nuestra iniciación, el alcohol nos ayuda a disolver la parte de nuestra mente denominada por este modelo como “superyó”, quien vendría a ser el “aguafiestas” responsable de determinar y sancionar o censurar en virtud de su carácter moral y social, si podemos permitirnos un comportamiento o no.

El legislador acepta esto cuando considera como eximible la acción dañina sobre otro (homicidio, agresión, dolo) siempre que, precediendo al comportamiento delictivo, la intoxicación etílica explique la pérdida de control y no se haya realizado el consumo con intención de proceder al delito o daño en sí mismo.

Por su parte, las corporaciones locales posibilitan que los pingües beneficios de la industria del alcohol se mantengan estables en los tiempos de mayor recesión económica conocidos por las generaciones existentes, mirando a otro lado ante los fenómenos del “megabotellón” y del creciente consumo en “atracones” de bebidas alcohólicas de “pobre calidad” por los jóvenes.

El 40% de los accidentes de tráfico con resultado de muerte están relacionados con el consumo de alcoholTiempo más tarde, cuando el problema ya ha dejado de denominarse abuso de alcohol y se ha convertido en una dependencia alcohólica, nuestro país, que sobredimensionó la atención a heroinómanos mediante un Plan Nacional de Drogas dirigido a maquillar la estética de nuestras calles, no puede ni sabe hacerse cargo del paciente alcohólico, que en el mejor de los casos sobrecarga los servicios de salud mental y en el peor se queda en casa generando toda clase de problemas físicos, psíquicos, de pareja, familiares y sociales.

Las cifras no dejan lugar a dudas. Cada año en España el 40% de los accidentes de tráfico con resultado de muerte están relacionados con el consumo de alcohol, las cifras de violencia continuada contra las mujeres no son más esperanzadoras (el estudio de Alberdi de 2002 revelaba que en el 37% de los casos el agresor presentaba intoxicación o problemas con el alcohol). Existen 60 patologías médicas y psiquiátricas en las que el alcohol se considera el agente causal más importante.

Un negocio rentable

Si nos vamos a los datos europeos extraídos del informe británico del año 2006 para la Comisión Europea, el comercio del alcohol produce 9 billones de euros directos y 21 billones de euros en impuestos en toda Europa. Su coste tangible (es decir, sustraído todo coste relativo a dolor, sufrimiento personal o pérdida de años de vida) es de 125 billones. Da trabajo a unas 750.000 personas (sin que la disminución de su consumo debiese implicar una pérdida de estos puestos de trabajo), le quita la vida cada año a unos 115.000 seres humanos en la Europa de los 15.

¿Lejanos pues a cualquier postura maximalista, cabe proponer alguna solución? De manera inmediata avanzar en las medidas que han demostrado eficacia en otros países, en especial aplicadas a los colectivos más vulnerables y que determinan que a este respecto también haya una clara diferencia entre los países del norte de Europa y los del Sur. La mayor fiscalidad sobre el alcohol, las medidas reguladoras del mercado y el cumplimiento riguroso de la ley en términos de los límites de alcoholemia permisibles durante la conducción hacen que países como Noruega o Suecia puedan presumir de viajar a otra velocidad también en este tema.

Javier Sánchez García*. Médico psiquiatra y sexólogo. Salud y Bienestar Sangrial

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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5cursoweb 06/06/2012 | 18:35

Vaya, poner como ejemplo a suecos o noruegos no sé si es muy acertado. No sé lo que harán en sus países, pero cuando vienen acá, se ponen hasta las trancas, jóvenes y adultos; lo sé porque les he servido.
El alcohol es algo que acompaña al ser humano, especialmente al mediterráneo, desde hace milenios. Está muy arraigado en nuestra cultura, y no es fácil eliminarlo de repente. Frente a aquellos que sufren problemas por culpa del alcohol hay muchos más que disfrutan con un consumo moderado del mismo.

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4Mackie Messer 06/06/2012 | 17:51

#3

"I was in love with a beautiful blonde once, dear. She drove me to drink. That's the one thing I am indebted to her for."

W. C. Fields

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3loran 06/06/2012 | 16:42

¿Me dejo porque empece a beber? o ¿Empecé a beber por que me dejo? Ahí está la cuestión

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2ESCOPOLOMINO 06/06/2012 | 16:07

Este artículo son divagaciones que todo el mundo conoce,o acaso se nos escapa que EL ALCOHOL ES EL DISOLVENTE UNIVERSAL,disolución de familias,de trabajos,de amigos,de......

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1quisquilla 06/06/2012 | 10:09


Una vida sin vino no es más que un balneario para relojeros.

Lo que pasa es que hay que controlarlo ya que todo hace daño en exceso, hasta el chocolate.

Y en lo de las patologías psiquiátricas relacionadas con el alcoholismo, creo que éste muchas veces es más el efecto que la causa de la enfermedad mental.

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