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El Espacio Fundación Telefónica se inaugura hoy.
Esteban Hernández 08/05/2012 (06:00h)
La actividad cultural de una ciudad como Madrid depende ya del capital privado, especialmente en lo que se refiere a la programación más novedosa. La inauguración de Espacio Fundación Telefónica (la reconversión de la sede de la compañía en Gran Vía), que tendrá lugar hoy, supone la consolidación de esa tendencia según la cual los centros financiados por grandes compañías cobran lugares de preminencia en el suelo cultural. La posición dominante que ocupan La casa encendida (Bankia) o Caixa Fórum (La Caixa) se ve reforzados por otro espacio que unirá arte, tecnología y reflexión y que ejercerá de núcleo de difusión de la innovación.
El éxito que están viviendo estos centros radica en su apuesta por el riesgo. La casa encendida y Caixa Forum Madrid batieron su record en 2011 (con 800.000 y 1.000.000 visitantes respectivamente), a pesar de que sus programaciones suelen ser exigentes y priorizan actividades en muchas ocasiones alejadas del gusto masivo.
El riesgo es privado, la tradición es pública
La programación de los espacios culturales instigados por capital privado suele estar más atenta a elementos innovadores que las que viven de dinero público, que salvo contadas excepciones se dirigen más a la tarea de conservación de elementos ya reconocidos que a la de impulsar nuevas tendencias. Esa afición por lo formalmente arriesgado se explica, asegura el vicepresidente ejecutivo de Fundación Telefónica, Javier Nadal, por el propio carácter de las empresas que impulsan estos centros y por su deseo de ser percibidas a la altura de los tiempos. “Siendo una firma del sector de las telecomunicaciones, no podemos entrar en el ámbito de la cultura apostando por lo tradicional. Sería un error que iría contra nuestra idiosincrasia”. Pero, más allá de su caso particular, Nadal entiende que “todos quienes aspiramos a modernizar el país deberíamos utilizar nuestras energías para reinventar las cosas”, lo cual debe ser especialmente obvio en el campo cultural. Fruto de esta visión, hay varias constantes que se repiten a la hora de programar las actividades, lo que está provocando la aparición de una nueva cultura. Entre sus características figuran las siguientes:
Las conexiones son lo principal
Hay una atención prioritaria a las nuevas tecnologías en tanto elementos que interrelacionan las múltiples tendencias, visiones y perspectivas que circulan por las redes de la creación. Como asegura Nadal, “el mundo está cambiando como resultado de la conexión de muchas cosas en apariencia alejadas. La tecnología está generando vínculos magníficos que están inventando nuevas maneras de afrontar problemas. Y ese es el lugar en el que un centro cultural debe situarse. Y no porque sepamos que el resultado de interrelacionar esos elementos vaya a ser positivo, sino justamente porque no sabemos lo que va a producir”.
La construcción de una nueva mentalidad
La aparición de nuevos elementos tecnológicos en el terreno artístico ha conducido siempre a innovaciones formales, pero también a cambios de mentalidad que a menudo han provocado transformaciones sociales. Hoy parece ocurrir al revés, con un cambio de mentalidad que se ha generado en otros centros y que se irradia hacia la cultura. Así, temas como el emprendimiento, la innovación y la reinvención de uno mismo raramente podrían haber estado presentes en la programación de un centro cultural de hace un par de décadas, y sin embargo hoy no son en absoluto infrecuentes (el centro de telefónica programará, entre otras cosas, conferencias de Tim Clark, Daniel Innerarity, Josef Ajram o Mario Alonso Puig con la reinvención como asunto central). “Hemos pensado que debíamos tirar puertas, ventanas y paredes y poner en conexión lo que estamos haciendo en distintas áreas. La misma estructura y la planificación arquitectónica del edificio son un símbolo de esa mentalidad. Tenemos que reinventarnos, esa actitud es crucial en una época de crisis como la nuestra”.
La reinvención de la tradición
La exposición principal que inaugura el centro, la Colección cubista de Telefónica, es representativa de las tendencias que funcionan en los centros culturales. Programar este tipo de exposiciones tiene que ver cuestiones de oportunidad, pero también y sobre todo, con la reivindicación de una nueva tradición. Como asegura Nadal, “el cubismo implicó la transformación de las formas de pensar de su época y buscamos esa misma chispa para el mundo actual. Saber mirar las cosas de otra manera es fundamental. Y ahí tiene que estar la cultura”. En la medida en que determinados valores se imponen como necesarios, caso de la innovación, la mirada al pasado trata de buscar aquellas tendencias, disciplinas y personajes que ejercieron de precursoras de los nuevos tiempos. Ya no se privilegia el conservadurismo, sino aquellas tendencias del pasado que buscaban la ruptura.
El exceso no es malo
En la medida en que inventar, innovar y recrearse han pasado a ser objetivos generalizados en muchos ámbitos culturales y empresariales, se está produciendo un exceso de novedades que a menudo provocan que nada arraigue. Nos vemos enfrentados a un flujo de elementos novedosos que pasan sin dejar huella. Pero eso no es un peligro, afirma Nadal, toda vez que “es preferible que sobren cosas a que falten. En la experimentación sólo fructifica un pequeño porcentaje de todo lo que se intenta, y siempre ha sido así. Aquí la ley de los grandes números es fundamental, ya que ha de producirse mucha experimentación para que alguna de las invenciones pueda cuajar. Las probabilidades de acierto son siempre bajas”.
La unión de todos estos elementos es el núcleo del éxito de unas instituciones culturales que representan a la perfección el ensamblaje entre tendencias artísticas y nuevas formas de pensamiento que están fructificando en nuestros tiempos. Probablemente por ello, el público las está respaldando ampliamente.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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