El pasado sábado 28 de abril concluyó la 15 edición del Festival de Málaga de Cine Español. Varias películas que muestran que si el cine español no está muerto, al menos sí está convaleciente, pero es a ese resto de vida a lo que se debe agarrar en estos tiempos oscuros.
Dos propuestas destacaron por encima del resto en Sección Oficial. Y las dos estuvieron entre las triunfadoras de esta edición. Por un lado Els Nens Salvatges, donde Patricia Ferreira construye una inteligente y algo provocadora propuesta que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas más acuciantes de este país: la educación. Y lo hace fijando su mirada no tanto en el papel de los educadores, que también, sino en el de los padres de esos adolescentes a los que tanto nos empeñamos en demonizar, haciendo que nos preguntemos sobre el futuro de esta bonita sociedad que nos estamos construyendo. La Biznaga de Oro a la Mejor Película, junto a los premios de Guión, Mejor Actriz de reparto para Aina Clotet y Mejor Actor de Reparto para Álex Monner (en gran medida por la buena química y la fuerza de las escenas que ambos comparten) harán posible que más gente vea una notable película cuya mejor virtud, por encima de cualquier otra consideración, es que se trata de una obra necesaria que todos deberían ver.
Junto a ella, A Puerta Fría, demoledora mirada a la crisis actual desde uno de esos vendedores crepusculares de la vieja escuela al borde del precipicio interpretado de forma magistral por Antonio Dechent, acompañado de un reparto ajustadísimo, era en mi opinión la película más sólida de las presentadas a concurso. Afilada como una cuchilla, primorosamente rodada y repleta de momentos magníficos, la propuesta de Xavi Puebla, que ya había dado muestras en Bienvenidos a Farewell-Gutmann de que del mundo de las relaciones laborales y los negocios sabe un rato, deja un sabor de boca tan brillante como en el fondo amargo en el espectador. Aparte del indiscutible premio a Mejor Actor de Dechent, al que por fin se le hace justicia tras toda una vida interpretando los más diversos papeles de reparto con este personaje construido expresamente para él, el Premio de la Crítica avala su calidad.
Pero el fenómeno de este 15 Festival de Málaga ha sido sin duda Paco León. Su Carmina o Revienta, inaudito falso documental que busca en todo momento la complicidad y la carcajada del personal con un personaje, su propia madre, la Carmina del título, demasiado increíble y al mismo tiempo cercana y reconocible en su tremebunda desfachatez e incorrección política hasta el punto de que uno no deja de preguntarse dónde termina la realidad y empieza la ficción; no solo le ha valido el premio a la Mejor Actriz para Carmina Barrios, que ya puede ponerlo en una estantería junto a la Concha de Plata y el Goya de su hija María por La Voz Dormida, sino un discutible Premio Especial del Jurado, que ante la falta de propuestas narrativas novedosas debió inclinarse por la más sorprendente que sumarse al cantadísimo Premio del Público que, desde el primer día de proyección, todos sabíamos que iba a llevarse a casa. No sé si Carmina o Revienta se convertirá en un fenómeno mediático al estilo Torrente, pero mimbres tiene para ello. Cuestión bien distinta es que eso sea bueno o malo para nuestro cine, claro está.
Por lo demás, en este palmarés tan repleto de premios que lo complicado es no llevarse uno a casa, el Jurado presidido por Gonzalo Suárez decidió premiar en exceso Miel de Naranjas, la acartonada propuesta de Imanol Uribe, que se llevó Mejor Dirección –había trabajos mucho más premiables, por correctísima que fuera esta historia de resistencia en la posguerra– y Mejor Guión Novel para Remedios Crespo. El Sexo de los Ángeles, fresca adaptación a nuestros tiempos del manido tema del triángulo sexual y sentimental, le proporcionó una alegría a un estupendo director de fotografía, Sergio Gallardo, responsable también en el mismo apartado de Els Nens Salvatges y un premio ex aequo al Mejor Actor de Reparto para Álvaro Cervantes, uno de esos jóvenes actores a los que conviene seguir de cerca: a diferencia de otros compañeros de viaje del medio televisivo, estamos ante un actor de talento, con la cabeza muy bien amueblada que, si sigue eligiendo bien, tiene por delante una carrera interesante.
Hay que saludar como acertada la apuesta del festival por el cine de animaciónDe justicia fue el reconocimiento a la belleza y delicadeza de la BSO compuesta e interpretada por Aziza Brahim para la muy necesaria Wilaya, una película saharaui para no olvidar las muchas deudas que aún tenemos pendientes con ese pueblo y extrañas las menciones especiales fuera de lugar a Kanimambo y a Ángela Molina, que sonaron a cierta componenda como la concesión comercial al, por otra parte, más que correcto trabajo de montaje de The Pelayos, de lejos una de las propuestas más decepcionantes de este Festival, como habrán tenido ocasión ya de comprobar en los cines antes incluso de que les llegara este aviso. Por mi parte, eché de menos en el Palmarés algún reconocimiento para O Apostolo, curradísimo trabajo de animación en stop motion que por su brillantez técnica y su sola existencia tiene desde ya un lugar de privilegio en el cine español, más allá de que su arriesgada propuesta que mezcla camino de Santiago y referencias góticas y de terror al más puro estilo Tim Burton no sea, por culpa de un guión algo esquemático que perjudica su ritmo, todo lo redonda que uno desearía con todas sus fuerzas. Una firme apuesta del festival por el cine de animación que hay que saludar como acertada y que debería tener su continuidad en años venideros.
En ZonaZine, que la extravagante y desigual propuesta de Chiqui Carabante 12+1 Una Comedia Metafísica (Mejor Película y Mejor Director) se repartiera los honores con el sólido y muy interesante debut en la dirección de Roberto Pérez Toledo Seis Puntos Sobre Emma (Mejor Guión y Mejor Actriz para Verónica Echegui) y con la disparatada comedia financiada vía crowdfunding El Mundo Es Nuestro (Mejor Actor y Premio del Público) pareció la decisión equilibrada de un Jurado que repartió entre la diversidad de las propuestas, ignorando las obras más terribles de la sección paralela. En Territorio Latinoamericano tomen muy buena nota de la película colombiana ganadora, Silencio en el Paraíso, una durísima a la par que sólida visión de un conflicto enraizado en lo más profundo de la identidad de ese convulso país narrado con fuerza, elegancia e inteligencia. Por último, la sección documental premió dos producciones españolas rodadas en el extranjero que son verdaderas disecciones de un estado de cosas: Yatasto, una historia de cartoneros infantiles en el gran Buenos Aires y Otra Noche en la Tierra donde, a través de un puñado de taxistas y sus clientes, el talentoso David Muñoz clava un retrato del interesante momento que está viviendo Egipto tras la primavera árabe del pasado año. Todas ellas propuestas muy interesantes que está por ver si llegarán a nuestras carteleras. Que esa es otra.
Un festival para la reflexión
El año que viene habrá muchas menos películas entre las que elegirEn fin. Málaga cierra sus puertas un año más con dos conclusiones sobre las que reflexionar. Una es que desde luego el enfermo crónico no está ni mucho menos tan desahuciado como muchos lo pintan y se resiste tozudo a exhalar su último suspiro. El otro es que ante la grave situación que atraviesa todo el sector audiovisual tras la política de recortes salvajes emprendida por el Gobierno, con el aplauso inconsciente de muchos que no saben ponderar la importancia de nuestro cine no solo como industria generadora de empleo sino también como valor cultural en sí mismo, nadie sabe lo que pasará el año que viene en el que el equipo de Carmelo Romero va a tener muchas menos películas entre las que seleccionar. Lo que no tiene por qué ser malo si eso hace que fije su mirada en ese nuevo cine español algo más alejado de las fórmulas convencionales que también existe y debería sin duda tener su hueco en un festival de estas características. Pero lo que está claro es que este país tiene un muy serio problema tanto con la percepción errónea y a menudo injusta de la calidad del cine español como con la debilidad de una industria que no sabemos si podrá reaccionar y adaptarse.
Que la película de clausura del festival fuera Adiós a la Reina de Benoit Jacquot, primorosa reconstrucción histórica de los primeros días de la Revolución Francesa desde la óptica de una criada al servicio de María Antonieta que, por mucho que cuente con una parte de producción española (lo que justificaba su presencia), es un dardo envenenado en toda regla. Ese es precisamente el tipo de cine que según parece ahora mismo estamos muy pero que muy lejos de poder acometer. Pero es que claro, Francia y los franceses tienen claro un concepto de la defensa y consumo de su cine como partes esenciales de su cultura que aquí nos suena de lo más marciano. Así nos va, claro.