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LOS 'TROLLS' Y SUS DIFERENTES PERFILES

Lo que aprendí cuando me amenazaron en Internet

Lo que aprendí cuando me amenazaron en Internet
Peligrosos, cultos y necesarios. (Corbis)
Héctor G. Barnés 20/04/2012   (06:00h)
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“Acepto tus disculpas, pero me gustaría saber por qué le has pedido a la gente que me matase”. En estos términos se expresó el presentador británico de TV Noel Edmonds cuando conoció en persona al joven que le había deseado la muerte… abriendo un grupo en Facebook llamado “por favor, que alguien acabe con la vida de Noel Edmonds”. Aunque la página apenas contase con 28 seguidores (una cantidad bastante reducida para lo que es habitual), el presentador recurrió rápidamente a una empresa dedicada a rastrear identidades en la red, con el objetivo de localizar al creador del grupo.

La investigación llevó a Edmonds a la Universidad de Canterbury en Kent, donde residía el estudiante, con el que el veterano periodista (y su agencia de management) concertaron una cita de una hora. Haciendo gala de su magnanimidad, la figura televisiva decidió que “no quería ver la vida de este joven arruinada, por lo que preferí resolver la situación cara a cara”.

“Nos dimos la mano. No fue más que una chiquillada de estudiantes en la que seguro que el alcohol tuvo mucho que ver. Se mostró muy arrepentido”, señaló el inglés, que actualmente presenta el programa Deal or no deal, el equivalente a nuestro ¡Allá tú! Por su parte, el anónimo internauta reconoció su parte de culpa, y admitió que no había sido consciente de qué forma podía había afectado al presentador hasta que lo conoció en persona.

La lección de Edmonds

Edmonds ha publicado un vídeo cuyo objetivo principal es pedir una mayor responsabilidad de los internautas en sus expresiones y acciones en la red. Recuerda que una mala utilización de Internet sólo puede derivar en una mayor regulación por parte de los Estados y los políticos, “algo que nadie desea”.

El uso responsable de las redes sociales es absolutamente vitalLa actuación de Noel Edmonds ha sido valorada de forma muy positiva por los medios de comunicación de su país, especialmente entre los círculos periodísticos y tecnológicos (el editor de cultura del Huffington Post le dedicó un “¡qué grande! ¡en serio!” al polémico presentador), puesto que relativiza la auténtica importancia de estos trolls al mismo tiempo que ofrece al mundo su auténtica cara que, en muchos casos, es la del mero gamberrismo inconsciente, junto a la necesidad de llamar la atención.

“El uso responsable de las redes sociales es absolutamente vital para la vida en Gran Bretaña”, concluía Edmonds, recordando que la red es un arma de doble filo. Existen muchas tipologías de trolls, y no todas tienen por qué ser necesariamente negativas.

El troll educado, erudito y responsable

En una línea semejante se expresaba la columnista de The Guardian Joanna Geary a propósito del episodio protagonizado por Edwards. Contaba la inglesa que había vivido una situación semejante a la del presentador, pues ella también había conocido en persona a uno de los trolls (esos comentaristas cibernéticos caracterizados por su continua búsqueda de la polémica) del Birmingham Post, el periódico en el que colaboraba. El comentarista, que respondía al nick de Clifford49, realizaba constantes referencias en la red al trabajo de la periodista, y siempre de forma negativa. La articulista consideró que se habría cruzado una línea peligrosa cuando se dio cuenta de que casi todas las actualizaciones de Twitter del forero tenían como objeto su persona. Así que decidió proponerle que visitase la redacción para que tuviese otra perspectiva de lo que era su trabajo diario. En unos pocos minutos, recibió la confirmación afirmativa de Clifford49.

Frente a todos los miedos de la articulista, pronto descubrió que su presunto acosador era, en persona, “un hombre educado, erudito y que simplemente no se había dado cuenta de lo lejos que había llegado”. No sólo eso, sino que “sus comentarios procedían de un ansia por mejorar el periodismo”. Clifford49 incluso se prestó a aparecer en un vídeo explicando su actitud. Geary, por su parte, aprendió que resulta muy fácil catalogar a los demás como trolls, cuando lo que realmente ocurre es que aún no somos capaces de entendernos en la red.

El troll peligroso

Un caso muy diferente es el de Sean Duffy, condenado a dieciocho semanas de prisión por publicar duros insultos en distintas páginas web memoriales, entre ellas, una que rendía homenaje a una adolescente que había acabado con su vida a los quince años. Como resultado, Duffy deberá pasar dieciocho semanas en la cárcel.

Los trolls son necesarios para las empresas pues aumentan las visitas y fomentan la participaciónEste tipo de actitudes en Internet están siendo cada más reguladas y penalizadas. En el Estado norteamericano de Arizona se acaba de aprobar una ley que criminaliza el trolleo, mientras que en Gran Bretaña, el procedimiento habitual para poner freno a este tipo de actuaciones entre los jóvenes es destinarlos a los servicios sociales del país. Un joven de 21 años llamado Joshua Cryer ha sido condenado a dos años de trabajos y una multa de 150 libras. Peor ha sido lo ocurrido con Liam Stacey, un estudiante de biología de la misma edad que Cryer que deberá pasar 56 días en prisión por haber hecho mofa en Twitter del desmayo del jugador del Bolton Fabrice Muamba, una decisión bastante controvertida por su dureza. En nuestro país, el músico Ramoncín ganó el pasado año el juicio por injurias a la página alasbarricadas.org, viéndose su administrador obligado a pagar 6.000 euros al artista.

El troll dinamizador

Existe una gran diferencia entre el joven que fue perdonado por Noel Edmunds y el caso de Sean Duffy. En primer lugar, porque el primero se refería de forma jocosa a una figura pública, mientras que los insultos vertidos por este último se producían en una coyuntura especialmente delicada. Y sin embargo, todos ellos son considerados trolls, una categoría excesivamente laxa en cuanto iguala actitudes muy diferentes. De hecho, como señalan los expertos, la finalidad de la mayor parte de este trolleo es meramente cómica, inconsciente y carente de maldad.

Un artículo publicado recientemente en Forbes señalaba por qué los trolls son necesarios para las empresas, y recordaba que son los que permiten aumentar el flujo de visitas a la página y los que fomentan la participación, aunque esta sea  de baja calidad. Andrea Weckerle de Civilination, una organización dedicada al desarrollo de una conciencia civil en Internet, señalaba en dicho texto que “al contrario de lo que ocurre con las Cartas al Director, en las que se pueden editar los improperios e insultos, las compañías se comportan de manera muy distinta cuando se trata de comentarios en la red. Se deja decir a la gente cosas que nunca se publicarían en papel”.

Aún estamos aprendiendo a comportarnos en InternetSeñalaba igualmente que la política de la mayor parte de páginas webs es la de “dejar hacer”, salvo en los casos en que se emplee lenguaje indebido o amenazas. Es la versión de la web 2.0 del “que se hable de ti, aunque sea mal”.

Quiénes son, por qué lo hacen

La estrategia más frecuente para frenar estas actuaciones es pedir obligatoriamente un nombre real para identificarse, como ocurre con Facebook (Mark Zuckerberg es un firme defensor de esta medida) o Twitter, donde el anonimato prácticamente se ha extinguido. Se trata de un factor importante ya que elimina la desindividualización del usuario de la red, y que suele provocar una mayor permisividad hacia actitudes que en otro contexto se considerarían inapropiadas.

Aún estamos aprendiendo a comportarnos en Internet, es la conclusión a la que han llegado los expertos. Según un reciente estudio realizado por Claire Hardaker de la Universidad de Lancashire, “términos tales como ‘maleducados’, ‘incivilizados’ o ‘groseros’ no definen adecuadamente lo que es un troll”. Y señala que estos responden a motivaciones muy distintas y pueden ser confundidos con otras figuras, como puede ser los que buscan el aplauso de la comunidad, los novatos (newbies) que aún no están hechos a los procedimientos habituales de las redes sociales, y los que se encuentran efectivamente enfermos. Para la investigadora, el troll es aquel que obtiene entretenimiento del conflicto, a la vez que se ampara en la distancia y el anonimato de la red.

Pero no se trata, a la fuerza, de un personaje que deba ser desterrado de la red, sino más bien, comprendido y canalizado correctamente. Porque en muchos casos, los comentarios son malinterpretados en el contexto desprovisto de sutilezas de las páginas web. También, en otros, catalogamos rápidamente como trolls a aquellos que simplemente llevan la contraria, tengan o no razón, se expresen con una mayor o menos corrección, tengan una voluntad destructva o constructiva, y quizá nos estemos perdiendo algo interesante. Y por último, porque aun en su versión menor amable, son un mal menor en el panorama en proceso de construcción continuo de las relaciones digitales.

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