LA SOCIEDAD MEDIÁTICA Y EL FUTURO DEL LIBERALISMO

"Antes, un político podía ser un borrachín y un mujeriego; hoy no se acepta"

"Antes, un político podía ser un borrachín y un mujeriego; hoy no se acepta"
Miguel Ángel Cortés, en el Congreso en 2009. (Efe)
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“Hay que regresar a las raíces, volver a los fundamentos”. A pesar de que gran parte de las ideas liberales se han convertido en moneda común en nuestra sociedad,  Miguel Ángel Cortés, diputado del PP, discutido exsecretario de Estado de Cultura y exsecretario de Estado para la Cooperación Internacional, entiende necesario reivindicar de nuevo una ideología que está sufriendo más de lo que parece. En Era cuestión de ser libres, 200 años del proyecto liberal en el mundo hispánico (Ed. Turner), obra firmada junto con Xavier Reyes, además de subrayar que “el liberalismo no es sólo cosa de los anglosajones”, alerta acerca de los riesgos que se proyectan sobre las grandes conquistas liberales.

Las luces de alarma se han encendido en el mundo contemporáneo, asegura Cortés, y no sólo por la existencia de regímenes populistas en Latinoamérica, sino porque algunas ideas centrales de nuestra democracia están deteriorándose seriamente. Entre ellas, la igualdad ante la ley, “ya que hay quien defiende la necesidad de leyes privativas por razones étnicas, religiosas o sociales o quien promueve la discriminación positiva o negativa para ingresar en la función pública, cuando habíamos acordado que el acceso debía producirse por mérito o capacidad”.

Puro sectarismo

Tampoco la libertad de expresión y de cátedra, “que consagramos hace 200 años en la Constitución de Cádiz” está viviendo sus mejores momentos. “La corrección política ha limitado las cosas que se pueden decir públicamente e incluso ha conseguido llevar algunas de ellas al Código Penal. Todos entendíamos que se delinquía con la acción y no con la opinión, y sin embargo se han creado tipos penales que castigan la simple expresión de ideas”.

Se buscan políticos con una vida ordenada sin valorar sus competencias técnicasComo tercer gran eje, Cortés señala la banalización extrema ("la prostitución") que está sufriendo el concepto 'derechos humanos'. El mejor ejemplo para explicar la deriva que se está produciendo en las sociedades democráticas aparece en Colombia, “donde un gobierno decente y democrático que se enfrenta a organizaciones criminales narcoterroristas y paramilitares es acusado permanentemente de violar los derechos humanos por instituciones que luego miran para otro lado cuando tienen que condenar regímenes dictatoriales”. Algo similar se vivió en Argentina, “donde hubo movimientos que nacieron con toda justificación, como las Madres de la Plaza de Mayo, y que han terminado por convertirse en expresiones de puro sectarismo que se aprovechan de los presupuestos públicos con la excusa de los derechos humanos y de las libertades”.

Las transformaciones en la política

No todos los cambios que estamos viviendo provienen de un deterioro de las bases conceptuales en las que se asientan las sociedades liberales. Muchas de las novedades se derivan de transformaciones provocadas por los avances técnicos. Una de ellas, quizá la más significativa, tiene que ver con las nuevas exigencias que planteamos a las figuras públicas. Como señala Cortés, “vivimos en una sociedad muy mediática. En otras épocas, había personajes como Mirabeau, la gran cabeza del monarquismo liberal, un parlamentario arrollador que en su vida privada era un jugador, mujeriego y borrachín, y no por eso se le tenía menos en cuenta. Hoy, por un cúmulo de circunstancias, se prefiere que un político tenga una vida familiar ordenada, que se exprese sin vehemencia y que se comporte de un modo correcto, y eso se valora tanto o más que su competencia política o técnica. Es el signo de los tiempos, pero convendría superar esta situación en que la imagen pesa tanto y donde lo sustantivo tiene tan poca importancia”.

Todos los experimentos asamblearios acabaron convirtiéndose en tiranías

En segundo lugar, asegura Cortés, debemos enfrentarnos a malos entendidos ideológicos que tienden a igualar representantes y representados y que han sido frecuentes en las asambleas callejeras del pasado año. “Los indignados pueden opinar lo que quieran, tienen todo el derecho, pero no pueden pretender que lo que decidan en una comisión en Sol dirija nuestra economía”.  Para Cortés, la democracia exige la presencia constante de una opinión pública “que antes era más informada y reflexiva y ahora tiene la gran ventaja de que se puede formar en la red, con numerosos medios de información y de transmisión de ideas, como Twitter”, pero que no puede aspirar a sustituir el proceso de toma de decisiones institucional. “Que salgan unos señores que acampan ilegalmente en Sol y que digan que los diputados no los representan no es correcto. Hacen muy bien en decir lo que piensan y en aportar sus opiniones al debate, pero la democracia o es representativa o no lo es. No olvidemos que todos los experimentos asamblearios acabaron convirtiéndose en tiranías”.

El dinero sí, las costumbres no

Una de las paradojas más significativas de la aceptación reciente del liberalismo es la contraposición entre economía y costumbres. Hay muchas personas que se declaran fieles seguidoras del libre mercado y del control del poder político que, sin embargo, dudan a la hora de abrazar la doctrina liberal al valorar actitudes religiosas y morales. Para Cortés, “la libertad es el valor principal para la organización social, dentro del respeto a la ley y de la aceptación de unos límites garantizados por el Estado, pero también para las prácticas sociales, por lo que, en cuanto a ideas particulares y convicciones religiosas y familiares, un liberal también debe predicarla”. Aunque haya muchas personas que no pongan en práctica esta visión y que no abracen la fe liberal en su plenitud, asegura Cortés, “peor sería que no fuesen liberales en nada”.

No vale decir que uno hace lo que quiere en su casa y luego criticar a los mercados porque atacan a tu país

Otro asunto especialmente relevante en los últimos tiempos es el del control del poder. El liberalismo insiste sobre todo en la necesidad de poner límites al ámbito político, cuando lo que vemos hoy es el surgimiento de poderes económicos transnacionales muy complicados de someter a regulación. Para Cortés, ese control debe ser realizado por las instituciones nacionales e internacionales ya existentes, toda vez que resulta muy difícil que una hipotética autoridad mundial ejerciese esa tarea. “Bastaría con que los estados nacionales y sus sistemas de control hubieran funcionado correctamente para que no hubiéramos tenido los problemas que afrontamos”, afirma el diputado del PP. Vivimos en un mundo globalizado en el que las comunicaciones y las transacciones son mucho más fáciles, y en el que también compiten los Estados y los sistemas jurídicos, “ por lo que, quienes ofrecen mejores condiciones de confianza, fiabilidad y sensatez están en mejores condiciones a la hora de atraer inversores. No vale decir que uno hace lo que quiere en su casa y luego criticar a los mercados porque atacan a tu país. Los actores económicos se comportan racionalmente y van allí donde piensan que van a tener mejores perspectivas de futuro”.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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8Duke Atreides 19/04/2012 | 20:48

#1 Es verdad que la afirmación del comentarista es una completa sinsorgada. Es más bien lo contrario: cada vez que la sociedad yankee expulsa de la política a un político ligero de cascos, aquí se aprovecha para darle cera a la mucho más democrática y consciente sociedad americana.
De hecho, yo diría que en este país suicida, lo de que el politicastro tenga o no vida ordenada puede ser favorable o desfavorable según toque a rebato la progredumbre en uno u otro sentido, como le convenga.
A veces me pregunto si Orwell, en vez de visitar la España de la Guerra Civil, hizo un viaje en el tiempo a la sociedad nihilista española de este Régimen del 11M...

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7Duke Atreides 19/04/2012 | 20:44

Bueno, ahora en algunos países un tipo así puede ser Rey...

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6GATD 19/04/2012 | 17:36



Entre más corrupto y menos ejemplar mejor: más fácil de comprar. ¿No has ido por Dangelo? ¿de qué viven las pivas? ¿has estado en algún Congreso, reunión o junta?. Precisamente evitan los incorruptibles y ciudadanos ejemplares hasta que como dicen... todos tenemos una vida, un pasado y... un precio. Lo que nos hace falta es mantener la integridad, la honradez pero son principios sin valor de mercado.

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5quisquilla 19/04/2012 | 17:10

#3 Que yo sepa el que mi vida esté ordenada o no, no es asunto ajeno ya que yo no me he presentado como político para que me voten los demás como mandatario suyo.

Y, aparte de insultarme, no me argumenta nada objetivo en contra de lo que digo. No voy a extenderme con el cv de cada uno de los diputados y senadores del PP por Valladolid, poque me parece de mal gusto, pero sobre todo por decoro y vergüenza ajena.

Ah¡ y el que hayan conseguido mayoría absoluta no les redime de sus cuitas y pecados.

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4beut 19/04/2012 | 11:13

En la nota dice "Cuestionado". Será por que M.A. Cortés ha hecho cosas con inteligencia y productivas. Casi siempre eso crea envidias en aquellos mediocres que solo quieren el fracaso ajeno para intentar nadar en la corriente. Cuanta más mediocridad mejor se diluyen ciertos políticos. Y M.A. Cortes de mediocre no tiene nada. Eso crea envidias y luego enemigos.

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3beut 19/04/2012 | 11:07

#1 O no te entiendo o no sabes lo que dices. Porque creo que los Diputados del PP y Senadores de Valladolid sacaron mayoría absoluta y, aunque seas cercano a Pucela, creo que eres un atrevido afirmando que todos no tienen la vida ordenada ¿la tuya lo está?.. preocúpate de ello y no hable por boca de ganso, amigo.

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2caldera 19/04/2012 | 11:07

Pues para hacer lo que hacen, supongo que cualquiera es bueno,¡Qué nivel el los políticos españoles!

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1quisquilla 19/04/2012 | 09:10

Dice MA Cortés que hoy "se prefiere que un político tenga una vida familiar ordenada".

Pues todos los diputados y senadores del PP por Valladolid, que es su circunscrición, no cumplen, ni uno sólo, con esa preferencia.

Me imagino que lo que quiere decir MA Cortés es que se supone que los políticos siempre reclaman lo que no cumplen y declaman lo que no es cierto.

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