NUEVAS TECNOLOGÍAS APLICADAS A LA SALUD

¿Hay un más allá tras la agonía de la sanidad pública?

Javier Sánchez García* 18/04/2012   (06:00h)
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Durante los primeros años de la creación de Internet, los especialistas médicos contemplaban preocupados cómo la mayor parte de las referencias encontradas por los buscadores al uso eran engañosas, tenían un ánimo de lucro ilegítimo o eran directamente malintencionadas.

Se ha investigado con interés la influencia perniciosa de los chats, las redes sociales e Internet en sí mismo sobre el rendimiento académico de los adolescentes, se ha contrastado la posibilidad de que los contenidos en Internet puedan producir cuadros adictivos a la propia red, o que el acceso a determinadas páginas de perfil enfermizo pueda tener influencia en el empeoramiento de subtipos de trastornos como la anorexia y la bulimia.

Proyectos beneficiosos en la red

No obstante, son muy escasas las referencias y los intentos de investigación sobre los efectos positivos que las nuevas tecnologías podrían arrojar en el tratamiento de enfermedades físicas y mentales crónicas, entre éstas últimas la depresión, el trastorno bipolar o la esquizofrenia. De estas patologías, es la última la que, por sus características más habituales, dificulta en mayor medida cualquier forma de intervención positiva sobre muchos de los sujetos afectos.

A pesar de ello, uno de los hechos más reseñables asociados a las redes 2.0 en lo que a mejorar la salud de la comunidad de usuarios de Internet se refiere, tiene que ver con iniciativas como los proyectos PuedoSer de AstraZeneca. Durante los dos últimos años, este proyecto ha permitido a pacientes con trastorno bipolar acceder a una red social en la que reciben apoyo de otros pacientes, así como consejo especializado por profesionales de la psiquiatría, muchos de ellos reputados especialistas en los trastornos afectivos.

Se trataría de optimizar los recursos que nos ofrecen estos avances sin encarecer aún más la atención sanitaria

Internet nos coloca de forma generalizada ante información que en su mayor parte ni está contrastada ni reúne criterio alguno para su edición y publicación. De ahí que cuando se trata de enfermedades importantes, sea preocupante cómo actúan los algoritmos de búsqueda de los motores usuales, que tienden a primar la antigüedad de su publicación en la red, la utilización de según qué términos populares en la red, la renovación de los contenidos, y un largo etcétera, que nada tienen que ver necesariamente con el rigor.

Paliando el desabastecimiento de los servicios sanitarios

La gratuidad inicial de algunos de estos contenidos complica aún más las cosas en las circunstancias económicas actuales, ya que contribuye a que personas que presentan síntomas iniciales de enfermedades significativas, tanto físicas como mentales, retrasen o equivoquen las medidas terapéuticas, al guiarse por las indicaciones que han obtenido de páginas que deberían considerarse bajo un prisma especial.

En consecuencia, se trataría de optimizar los recursos que nos ofrecen estos avances, sin arriesgar ni encarecer aún más la atención sanitaria, ya comprometida con las decisiones políticas más recientes. Parece evidente por tanto que la pionera iniciativa privada ha señalado el camino a las instituciones y los próximos años se deberá atender a estrategias de comunicación, soporte y asesoramiento que aprovechen la tecnología informática y audiovisual, para paliar el desabastecimiento de los servicios sanitarios.

Javier Sánchez García*. Médico psiquiatra y sexólogo. Salud y Bienestar Sangrial

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