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Los principales pecados de la crítica literaria y cultural, al descubierto

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Los principales pecados de la crítica literaria y cultural, al descubierto

Las críticas resultaban determinantes en el éxito de ventas de un libro. (CORBIS)

Rubén Díaz Caviedes - Sígueme en  Twitter  29/01/2012   (06:00h)

En 1955 apareció Los reconocimientos, la primera novela de William Gaddis, y las preceptivas críticas que se hicieron en la prensa especializada de Estados Unidos tendieron a mostrarse, por lo general, poco amables con ella. La obra, que hoy goza de gran reconocimiento –la editorial Sexto Piso prepara una nueva traducción al español que se publicará en 2012– en su día vendió sólo unos cientos de ejemplares y experimentó un rotundo fracaso comercial. Pocos años después, en 1962, Chrisopher Carlisle Reid, más conocido como Jack Green, publicaba en su fanzine Newspaper una serie de críticas dedicadas no a la novela, sino a las reseñas que suscitó.

¡Despidan a esos desgraciados! (Ed. Alpha Decay), que ahora se publica en España, recoge los argumentos que dio Green para recomendar –y conseguir, en algunos casos– el cese fulminante de los críticos que reseñaron Los reconocimientos y dieron al traste con su vida comercial. “Dos críticos –parafraseando el prólogo de Green– admitieron que no acabaron de leer el libro; uno cometió siete pifias en una misma reseña; y otro la copió de la faja y otra crítica publicada. A todo esto hay que añadir errores increíbles como confundir diabético con adicto a los narcóticos”. Algunos de los críticos que cita Green, por lo visto, no lo habían ni leído. Otros lo leyeron, pero no lo entendieron, y otros lo leyeron y lo entendieron, pero no supieron explicarlo.

Del estilo a lo técnico y de lo literario a lo intelectual, un mordaz y divertido Green enumera los pecados de la crítica literaria y cultural, con foco y ejemplo en la obra de Gaddis pero aplicación universal y tan vigente que su interés no ha hecho sino crecer con el tiempo.

¿Quién critica al crítico?

Quis custodiet ipsos custodes?, como enunció el poeta romano Juvenal. ¿Quién vigila a los vigilantes? La crítica de secciones de crítica, valiéndonos de la redundancia, no es un espacio habitual en el género, pero atendiendo al ejemplo de Green, podría serlo. “Es bueno y sano que esas personas se sometan al juicio público”, comenta a El Confidencial Martín Gómez, analista de tendencias del mercado editorial y responsable de El Ojo Fisgón. Con frecuencia se censura la opinión del lego que contradice al crítico, pero Gómez recomienda tomarse con relatividad la inmunidad de estos profesionales “En el momento en que uno se expone públicamente debe asumir que también puede ser criticado”.

Bien es cierto, nos advierte, que el lector peca a veces de injusto con el crítico y le suele achacar faltas que pueden serlo, aunque en ocasiones escapan a su responsabilidad. No podemos esperar un ejercicio brillante “si el crítico está en una estructura corporativa que limita su tiempo y que le exige más de su capacidad”. Algunos medios generalistas son cada vez más “sistemas de información basados en lo superficial, donde no se tratan los temas en profundidad”, lo que entra en conflicto con una crítica demasiado larga, por ejemplo, demasiado técnica o demasiado implicada. O con la propia crítica, porque Gómez también nos explica que el género “ha perdido la posición de la que gozaba en los medios tradicionales como prensa, radio y televisión”.

Que la crítica vaya a la deriva, al menos en los medios generalistas, es un extremo en el que no obra el consenso. Gómez, no obstante, hace un ejercicio de autocrítica: “En muchas ocasiones se escribe para un público demasiado reducido” y en otras se emplea “un lenguaje hermético y un estilo excesivamente enrevesado”. El virtuosismo expresivo está bien, pero a veces eclipsa, cuando no sustituye, el verdadero propósito de la crítica: el repaso de la obra cultural y su explicación didáctica a un lector que, de momento, la desconoce. Los críticos a veces trabajan “muy atados a la actualidad y a la novedad. Desconocen lo que no es noticia, lo que no es novedoso”. Otro de los problemas que Martín Gómez identifica en el gremio es la autocensura: “A veces funciona el sesgo y los amiguismos. Existe una tendencia a ser benevolente con los autores de su mismo círculo”.

Crítica cultural vs. Crítica comercial
En ocasiones encontramos críticas volcadas con la promoción de la obra y en otras, con el agravio interesado
No se suele mentar la noción de crítica comercial, por oposición a aquella estrictamente cultural que no busca la promoción de la obra sino su revisión artística, aunque el especialista nos cuenta que quizás “no está mal que convivan estos dos planos. Lo que está mal es que nos vendan lo uno como si fuera lo otro”. En ocasiones encontramos críticas “volcadas con la promoción de la obra” y en otras, “con el agravio interesado”, en las que resulta evidente la mediación de intereses comerciales. ¿Por qué no distinguir entre uno y otro género? El propio crítico y su medio se aprovechan en ocasiones del estatus cultural de la crítica para invertirlo, en realidad, como activo publicitario. “El crítico es una instancia reconocida por el entorno. La idea es que ha logrado construirse un punto de vista, un criterio que goza de autoridad y que emana del convenio social”. El futuro del género, apunta Gómez, pasa porque sean los críticos los primeros en no olvidar qué se espera de ellos. “Hay críticas, hay comentarios, hay reseñas, y también hay publicaciones especializadas, revistas de nicho…”, enumera el experto. “Pero lo que no debemos hacer es vender una crítica frívola como un concepto autorizado”. Ninguna opción es “inherentemente mala”, concluye, “pero sí conviene que no se confundan una con la otra”.

El crítico, explica, no es necesariamente un “pensador industrial”, pero sí a veces –“dependiendo del medio en el que se encuentre”, matiza– un “obrero de la palabra o del pensamiento”. Cuando ejerce en una publicación, quizás “una estructura corporativa influyente con intereses en diversos sectores”, su labor no se sustrae de la de cualquier profesional de la palabra: “ritmos de productividad estandarizados, falta de libertad para elegir sus temas o la obligación de producir textos como churros”. Está claro que esto no abunda en la calidad del texto crítico como no lo haría en el de ninguno.

El “desafío fundamental” al que se enfrenta la crítica, según Gómez, es la recuperación de las libertades perdidas con su incorporación al discurso mediático de masas, y en esto internet puede juzgar un papel determinante. Aunque la crítica haya perdido buena parte de su espacio mediático y su prestigio social, Gómez nos invita a llamar la atención también sobre los espacios que ha conquistado: “Hay un nuevo lugar para la crítica en espacios digitales”, no directamente sometidos al interés de terceros, lo que también invita a desdibujar la tradicional frontera entre profesionales y amateurs siempre que la persona, nos comenta, “haya logrado construirse un criterio propio” y ofrezca una aportación edificante a la obra.

 

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