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Los niños de cero a tres años necesitan sentirse cerca de sus padres (Corbis)
Purificación Sierra* 14/10/2011 (06:00h)
Entre el nacimiento y los 3 años, los niños van a vivir las experiencias más trascendentales de su vida afectiva. Los bebés hacen gestos, sonríen, lloran, ponen en marcha un repertorio innato para conseguir la atención y el cuidado de los adultos que le rodean. Hacia los ocho meses, todos hemos presenciado cómo los niños se aferran a la madre cuando un extraño se acerca, lloran desolados cuando la madre se aleja o la agarran con fuerza cuando regresa. Será con los años cuando el niño sea capaz de decir “no te vayas” o “¿cuándo vas a volver?”.
Estas frases que llenan de angustia y zozobra a los padres son un magnífico ejemplo de la necesidad infantil de sentirse cerca de los padres, pero ¿por qué? Uno de los retos del desarrollo pleno y feliz es tener la certeza de que somos importantes para alguien. Que cuando nos sintamos asustados o solos, o creamos que estamos en peligro, habrá alguien incondicional con quien podremos contar. Esta certeza se adquiere cuando en los primeros años de la vida, las necesidades emocionales de los niños han sido atendidas por un adulto. Si el adulto ha sabido captar las necesidades del bebé y responder con sensibilidad a ellas, el niño irá sintiendo que esa persona es digna de su confianza y que podrá contar con ella. La sensación de seguridad emocional es tan importante que se encuentra en la raíz de algunos trastornos de comportamiento infantil y de las relaciones afectivas a lo largo de la vida.
Tradicionalmente, la función de cuidado y atención a los niños la ha cumplido la madre o, si no, las estructuras familiares y sociales permitían que algún familiar o persona muy cercana a la familia se hiciera cargo del cuidado del niño. En general estas personas no sólo atendían al niño sino, lo que es más importante, tenían una relación emocional con él, llegando a vivirlo como parte integrante de la familia aún cuando no fuera así.
La incorporación de la mujer al trabajo y las nuevas estructuras socio-familiares hacen que en muchas ocasiones la atención a los niños se realice en instituciones ajenas a la familia. Ya que este hecho forma parte de la realidad, su negación o su denostación no es un elemento de avance en el desarrollo y bienestar de los niños que es, en definitiva, el bien supremo que ha de movernos.
En este sentido, es necesario que todos los agentes tengan claro que entre los 0 y los 3 años, el activo central presente y futuro del niño es su mundo emocional y, en concreto, su necesidad de sentirse querido y seguro con y de los adultos que le rodean. En sociedades cada vez más competitivas y de recursos limitados, parece comprensible la idea de que “cuanto antes se aprenda, mejor”. Esta máxima ha llevado en muchos casos a la creencia de que los programas 0-3 deben basarse en adquisiciones y logros académicos, convirtiendo a los bebés en alumnos y a los maestros en docentes.
Por otra parte, las circunstancias socioeconómicas han hecho que, en la mayoría de los casos, los profesionales de las escuelas infantiles no puedan dedicar sus esfuerzos y conocimientos a establecer y desarrollar programas en los que la vinculación afectiva con los niños sea un objetivo prioritario y transversal a las actividades y rutinas diarias. Es esencial que todos los agentes sociales y económicos tengan como elemento central de sus políticas para esta etapa de la vida, generar las condiciones apropiadas para que el desarrollo infantil sea, de verdad, el centro de sus inquietudes.
*Purificación Sierra es profesora de psicología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
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6 COMENTARIOS
6 .- Cada uno tiene un criterio, si el centro es profesional, la estimulacion que reciben los niños de o a 3 es muy importante y se les nota cuando entran en educacion infantil de 3 a 5 años.
preguntarselo a la profesora de infantil.
Lo que no tiene sentido alguno es aparcarle con el primero que encuentras de culo gordo..
Pâra eso es mejor dejar de trabajar uno de la pareja, y cuidar al bebe.
5 .- #1 100% de acuerdo.
4 .- Amiga purificación comparto tu visión de que los primeros años de vida de nuestros hijos son los más importantes si bien todos los que vendrán después tambien los serán, eso lo sabe cualquier padre/madre medianamente responsable y estoy contigo en que debemos dar por bienvenido cualquier esfuerzo de refuerzo o apoyo en estas fases de crecimiento vengan de donde vengan, estado agentes sociales, familias o terceros.
Ahora bien me parece ABSOLUTAMENTE IMPRESIONANTE que sueltes el rollo de la mujer trabajadora y del papel papel tradiconal [que no discuto] de la madre en la crianza de los hijos y se te olvide el papel cada vez más importante de participación de los padres y en paridad con las mujeres en la crianza de sus hijos.
Somos muchos padres dedicados a nuestros hijos en igualdad con sus madres, deberíais acordaros de vez en cuando pero no se pq tengo la sensación de que no interesa mucho al colectivo femenino-paritario-igualitario-bibianoaido.
3 .- Creo que tanto para el individuo como para la sociedad la educación temprana [de 0 a 6 años] es mucho más trascendental que toda la educación que viene después... La importancia social que se le da y las ayudas económicas que se dan están justo pensadas al contrario: dando más importancia a toda la educación que viene después. No creo que sea correcto.
2 .- Es necesario que todos los agentes sociales y económicos tengan claro que la mejor educación emocional de 0 a 3 años que puede recibir un hijo se la proporcionan sus padres y que construir guarderías para aparcar a los niños y llamar a eso "educación pre escolar" es la peor política social. Que padre y madre puedan compatibilizar su vida laboral y familiar, y que cada cual, desde su esfera natural, contribuya al desarrollo emocional y afectivo desde los 0 a los 3 años estructura mejor la sociedad. El resto de procesos de ingeniería social, que priman la productividad en lo económico y convierten al padre y madre como meros apéndices del Estado nos llevarán a una sociedad líquida.