13/09/2011
(06:00h)
Las llaman drogas inteligentes y son muy frecuentes en las universidades americanas. Las sustancias químicas que potencian el rendimiento intelectual, que pueden adquirirse en cualquier farmacia, son enormemente populares entre unos estudiantes que buscan aumentar sus capacidades de cara a los exámenes. Y lo que introduce un elemento de novedad no es tanto la creciente sofisticación de los productos, notablemente evolucionados desde la vieja Centramina, cuanto que la consideración social que cosechan es cada vez más permisiva. Muchos docentes no ven con malos ojos estas sustancias, ya que consideran que en un instante laboral en el que se requieren personas creativas, que sepan analizar múltiples datos y extraer conclusiones brillantes, estos medicamentos pueden ser muy útiles para los futuros licenciados.
Fármacos como Ritalin consiguen aumentar 100 puntos en los test de evaluación académica (SAT) y otros como Donepezil pueden potenciar sustancialmente la capacidad memorística de las personas sanas; el Modafinilo actúa inhibiendo el sueño y permite prolongar las horas de vigilia; y un tercer grupo de medicamentos, los neuroprotectores, que suelen utilizarse para combatir el Alzheimer, han encontrado un uso alternativo como potenciadores del rendimiento. Y son sólo la punta de lanza: los laboratorios están investigando profusamente en un terreno al que están dedicando notables recursos (hay premios Nobel dedicados a este área) y del que esperan grandes beneficios.
Según José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, la mayoría de estos medicamentos no tienen resultados milagrosos, pero sí son efectivos, como el Ritalin y las anfetaminas, a la hora de fijar la capacidad de atención y de trabajo. Sin embargo, "hay otro grupo de sustancias de las que desconocemos hasta dónde llegarán sus efectos, como aquellas destinadas a generar nuevas neuronas y nuevos enlaces neuronales, y cuyo objetivo es ampliar (o mantener, en el caso de los enfermos de Alzheimer) nuestra memoria". De ellas se esperan grandes resultados, por lo que se han convertido en el campo estrella de la investigación: "si se consigue algún potenciador intelectual que no tenga efectos negativos, estaremos ante un negocio de primera magnitud".
El problema por resolver es el de los efectos secundarios. Como señala Marina, “conocemos muy bien los efectos de medicamentos como la Centramina, pero no las consecuencias a corto y medio plazo que puede provocar el consumo de estas nuevas sustancias. Lo normal era utilizar medicinas que invirtiesen el régimen del sistema nervioso vegetativo. En lugar de emplear el sistema parasimpático, con el que realizamos las funciones habituales en la vida cotidiana, ponemos artificialmente en marcha el sistema simpático, que usamos sólo en situaciones de emergencia. Así bloqueamos las funciones de conservación, como las digestivas, las urinarias o las sexuales y dirigimos todo el riego sanguíneo a los sistemas de ataque, aquellos que nos permiten resolver problemas urgentes, como son el cerebral y el muscular. Pero si se alarga artificialmente el funcionamiento de unos sistemas de emergencia que están hechos para otra cosa, se terminan causando serios problemas neuronales”. Con los nuevos medicamentos, por el contrario, no tenemos aún certeza ni de las ventajas ni de los inconvenientes. Y nos llevará mucho tiempo conocerlos a fondo."Dejad de tomar potingues"
Sea cual sea su utilidad, hay numerosos especialistas que se han manifestado en contra de los potenciadores del rendimiento, ya que, como señala el psicólogo educativo Jesús Ramírez, son contraproducentes en todos los sentidos. “Estos medicamentos deberían tomarse sólo en caso de enfermedad y si el médico los receta. Hay otras formas de potenciar la capacidad cerebral que son mucho más sanas. Pueden mejorar su alimentación con Omega 3 o aprender relajación, lo que favorece muchísimo la actividad intelectual. En todo caso, deberían dejar de tomar este tipo de potingues”.
Sin embargo, la perspectiva de los psicólogos no es la mayoritaria. Por una parte, los alumnos, en especial los del ámbito universitario anglosajón, las consumen masivamente, lo que “está planteando el mismo problema que con el dopaje atlético, que todo el mundo va a verse obligado a tomarlas para poder competir en igualdad de condiciones”. En otro sentido, hay muchos docentes que no quieren suprimir su uso porque entienden que con ello estarían limitando el desarrollo de las capacidades de las personas.
Para Marina, el problema de fondo, no obstante, no es el de la salud, ya que entrar en ese debate supone equivocar la perspectiva. “Éticamente ese tema no es relevante: pocas cosas hay peores para la salud que la obesidad y no por eso la incluimos en el Código Penal. Del mismo modo que no prohibimos a nadie que coma mantequilla porque daña el hígado tampoco le podemos negar que tome este tipo de medicamentos. Es su salud y allá él”. Otra cuestión es cuando estas drogas afectan a la personalidad y a la convivencia, porque eso sí genera un problema público y generalizado. “No tienen nada que ver las anfetaminas, que sólo afectan a la salud de quien las toma, con la heroína, que altera la capacidad y la responsabilidad de quien se la chuta o con el mismo consumo de alcohol, que es causa de muerte de muchas personas”.
En todo caso, estamos ante un tema que debemos discutir a fondo, toda vez que, si se consigue algún medicamento que realmente dé resultado y no genere efectos secundarios, su consumo acabará generalizándose. Según Marina, todo apunta a que estas sustancias van a formar parte del entorno formativo de los próximos años.
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
8Julio Ruiz 14/09/2011 | 15:02
¿ultima moda? si las anfetas tienen más años que la montiel. al contrario, los jóvenes por estudiar ya no hacen nada, ni doparse. se meten lo que sea si es para una fiesta, hasta estramonio.
5alph182 13/09/2011 | 17:39
Desde luego si sacan medicamentos potenciadores de la inteligencia sin efectos secundarios [de los que se hayan podido demostrar en test de laboratorio, que no son ni mucho menos todos] va a ser un bombazo de negocio. Es perfecto para la población borreguil que abunda por el mundo, encantados de tomarse una pastillita para ser más inteligentes en vez de currárselo con trabajo de PNL, psicología o curre.
Muy en la línea del "me encuentro mal, me atiborro a pastillas, que es facil y convinient!".
Va a ser perfecto para los modelos de evaluación borreguiles que tanto abundan basados en "el que más puntos saca en un examen" tan predominantes en el sistema funcionarial y típico del entorno universitario/master.
Total, a quien cojones le importa que sepas encontrar soluciones, gestionar problemas, conseguir terminar el trabajo y todas las competencias personales y emocionales que puedas tener... si te ganas una plaza de funcionario que te cagas empollando como un cabrón aunque no supieras gestionar un kiosko de pipas!.
Si legalizan esto por lo menos que legalizen también el cannabis!!, que el único efecto sobre el comportamiento es que se queda empanaos!
4jenofonte10 13/09/2011 | 13:31
Podemos dejar al libre albedrio individual las drogas que no modifican el comportamiento social, ¿no? total si no nos va a afectar porque el drogota no es agresivo, dejemos que cada cual tome lo que quiera. Muy bien.
Pero decir que "se requieren personas creativas, que sepan analizar múltiples datos y extraer conclusiones brillantes" como justificación para el consumo es una incitación al suicidio.
Pregunten primero al hígado y al páncreas de un creativo de conclusiones brillantes como Steve Jobs, p.ej., aquí:mordiendo la manzana del árbol de la ciencia
Cuidadín con las tentaciones de serpientes enroscadas.
3oveco 13/09/2011 | 12:59
Me temo que todos sabemos cuál es la verdadera motivación de los jóvenes que toman esos fármacos: pues estudiar menos, creyendo que con la droga aprenderán lo mismo.
Todo lo más la droga sirve para pasar una noche estudiando en vez de caerte rendido de sueño.
Si en realidad no hay nada nuevo bajo el sol. Ya hace muchos años los estudiantes se atiborraban de anfetaminas los días antes de los exámenes para pegarse la panzada a estudiar, después de no haber dado ni clavo durante el trimestre. Era un comportamiento bien visto por padres y profesores. Aunque también tenía sus peligros: el primer asesino de ETA, en 1968, José Javier Echebarrieta, era un estudiante de 23 años hasta las cejas de anfetas.
Es la misma actitud del que toma medicinas contra el colesterol y sigue comiento chuletones.
¿Que con la droga rindes más? ¿Te vuelves más inteligente o culto por unas pastillejas? No me hagan reír, para eso la única droga que sirve es la "empollina".
2rpmi1640 13/09/2011 | 10:15
El Dr. Marina haría mejor en opinar sobre lo que sabe, que es filosofía y pedagogía. El simpático y parasimpático no son en absoluto sistemas de funcionamiento independiente, sino que están totalmente solapados, y la razón que esgrima es bastante burda como argumento en contra de las anfetaminas. El verdadero problema de los estimulantes es la de otras drogas que crean addición: crean tolerancia a medio plazo, por lo que el usuario debe buscar dosis mayores y/o otras drogas para contrarrestar los trastornos del estado de ánimo que se derivan de su consumo. Y durante los episodios "high", conductas antisociales que ponen en peligro la vida de los demás, como demuestra la estrecha relación entre homicidios y consumo de speed.
1don asperillo 13/09/2011 | 09:39
Pero... ¿ustedes se dan cuenta de lo que están publicando? Creo que la persona que cuida de la linea de este periódico, debería poner atención en los contenidos. Informar no es equivalente a inducir.